Una cocina que se hace cuento
El taller "Pinta tu Aldea" funciona en Toay de la mano de María José Ale y Gabriela Sosa y ellas le proponen a los más chicos c...

El taller "Pinta tu Aldea" funciona en Toay de la mano de María José Ale y Gabriela Sosa y ellas le proponen a los más chicos combinar recetas y literatura infantil. Pedagogía Waldorf y manos llenas de harina.
Érase una vez un rinconcito entre calles con nombre de pájaros, en el silencio de las calles de tierra, entre casas quintas y el polvo y el viento y los frutales y los caldenes. Ese refugio se abría a un lugar mágico. No era como ningún otro lugar. Atrás de un enorme y pesado portón gris, se abría un camino empedrado, una invitación para ser parte de los cuentos de "Pinta tu Aldea".
"Una princesita de cabellos largos y zapatitos dorados que le gustaba mucho bailar y hacía así", dice una voz amable, suave, que recibe a cada niño y a cada niña con afecto. "Dos pasitos para el frente, dos pasitos para atrás, una vueltita y agradecía". Los invita a la ronda. Entran los más chiquitos, uno a uno, por ese pequeño sendero de piedras. Llegan con una timidez que dejan de lado cuando se encuentran con Majo y con Gaby, con sus cuentos: "Resulta que un terrible dragón que tenía una cola larga larga y escupía fuego por la boca y estaba muy enojado". Los más chiquitos escuchan "pero un valiente caballero de la historia se ha enterado y cabalgando en su caballo a la torre ha llegado". Se sorprenden, se suman a la ronda y a sus bailes y a los juegos que proponen las seños. Sobre todo, a llenarse las manos de harina.
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María José Ale y Gabriela Sosa reciben a los niños y a las niñas con sus delantales puestos. En la mesa hay huevos, azúcar, harina, batidores, cortantes con forma de corazón, de círculo, de estrella, también hay cuchillos sin filo, pela papas, palos de amasar, frutas o verduras, granas de colores, nueces, pasas de uva y muchas sillas.
"Pinta tu Aldea nace del deseo de armar un espacio para las infancias y está inspirado en la pedagogía Waldorf, pero también tiene nuestra propia mirada y sensibilidad. Armamos este espacio para darle lugar a la expresión, al encuentro, a la creatividad, a la calidez y a la alegría", dice Majo en charla con LA ARENA.
"Esta alegría es siempre compartida y todavía más cuando hay una comida. El encuentro se da ahí, en cocinar. Los niños desde que se rompe el huevo hasta que se comen sus galletitas viven este encuentro y lo convierten en alegría. Los vemos muy interesados en participar en la actividad. No solo el de la cocina, en poner en valor todos los procesos. Y fue una gran sorpresa que a tantos niños les guste cocinar o que los convoque esta propuesta", agrega Majo.
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Emprendedoras.
Majo y Gaby empezaron con este proyecto porque a ambas les encanta trabajar con niños. Las dos estudiaron arte y pedagogía Waldorf y se dieron cuenta de que tenían una oferta de actividades que convocaba a niños y a niñas que no encontraban refugio en otros lugares. Más que nada porque las actividades que hay en Santa Rosa y Toay son para chicos más grandes.
"Nosotras queríamos crear un espacio que esté inspirado en la pedagogía Waldorf y el arte, que es de donde venimos las dos. Nos interesaba crear una propuesta donde los chicos pudieran disfrutar de experiencias sencillas, hacer con sus manos, explorar materiales, compartir con otros y expresarse sin que todo estuviera puesto en el resultado", dice Gaby.
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Se conocieron dando clases en la escuela "Puente al sol", durante el verano se hicieron cargo de la colonia y ahora se aventuraron en estos talleres que dictan todos los martes en el Centro Cultural ubicado en el corazón el barrio Lowo Che de Toay, en Calandria y Benteveo, lo que ahora es la casa de la artista Vero Ve y que también fue, en su momento, la casa de Sylvia Zabzuk.
¿Cómo surge la idea de un taller de cocina?
"A principio de año empezamos a hacer talleres de arte y juego y venían niños más grandes. Igual teníamos el interrogante de hacer alguna actividad que convocara a los más pequeñitos también. Con el paso de los meses y de ir pensando e imaginando qué podríamos hacer, se nos ocurrió lo de una actividad vinculada a la cocina. Es que la cocina también está muy relacionada a la pedagogía Waldorf porque se trabaja mucho con los procesos reales y cotidianos de la vida. Procesos asociados a la alimentación y a cocinar". (Majo).
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"Tanto en el jardín Waldorf como acá, la idea es que los niños participen mientras juegan, mientras se enchastran las manos, mientras pican algo de lo que está en la mesa. Las maestras acompañan en ese proceso de crear y de jugar. Se cocina o se hace alguna cosa manual. Se los va acompañando en sus ritmos cotidianos, en sus momentos y en ese acompañamiento, en ese hacer, se genera algo alrededor, se genera espera y también ilusión. Terminamos de cocinar y pintamos o jugamos o contamos algún cuento y empiezan a sentir el olorcito y les da un poco de hambre y entonces se acercan a la cocina y preguntan. Hay que esperar un ratito más, les decimos, hasta que llega el momento más esperado de la tarde cuando pueden comer lo que prepararon. Es como una ceremonia" (Gaby).
¿Qué las sorprende del taller de arte y cocina?
"Por un lado, el impacto positivo que tienen los ritmos en ellos. Hacer la ronda, contar el cuento, cantar la canción, que lejos de ser un tiempo que exige diversión y que todo tiene que cambiar de un instante a otro, al contrario, el hecho de repetir y de hacer la misma ronda y la misma canción, es como si lo estuvieran esperando. Si no aparece lo piden. Esto genera otro ritmo, repetición, lejos de lo que se espera: que todo sea estallido, lo rápido, lo cambiante".
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"Experimentamos con frutas y con verduras y de repente alguno o alguna se anima a probar algo que no suele comer en su casa. Y bueno, nos sorprende toda esa experiencia sensorial que sucede, que queden llenos de harina, que perciban los olores, las texturas, que puedan cortar las plantitas, que vean de dónde sale cada alimento, que puedan crear y jugar".
El taller de arte y cocina se dicta todos los martes en la esquina de Calandria y Benteveo. En el horario de 16.15 hasta las 17.30 horas van los más chiquitos, los que tienen edades entre 2 y 4 años, mientras que en el horario de 18 a 19.30 horas van los mayores de 5. Los números de contacto son 2302 56-8401 (Majo) - 2954 36-1534 (Gaby). Además, un sábado al mes realizan una actividad y, en este caso, se va a desarrollar este sábado a las 17 y los niños y las niñas van a cocinar una pizza y van a pintar autoretratos.
Y así termina este cuento, en un rinconcito escondido. Los niños y las niñas vuelven a sus casas, con las manos llenas de harina y los bolsillos repletos de lo que prepararon. Les llevan a sus mamás, a sus papás, a sus hermanos y a sus abuelas. Quieren compartir, aunque no sueltan, aunque no quieren que se termine. "Adiós adiós, a casa me voy, me llevo colores, sabores, olores que me acompañan en sueños cantores". Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.
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Fuente: La Arena
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