Una crónica que marcó la historia: el día que asesinaron a Lencinas
Tenía solo 41 años. Abogado, exgobernador de Mendoza e hijo de José Néstor Lencinas, falleció tras un tiroteo en el Círculo de Armas. Los disparos, el funeral y el legado de un hecho trascendental.

Tenía solo 41 años. Abogado, exgobernador de Mendoza e hijo de José Néstor Lencinas, falleció tras un tiroteo en el Círculo de Armas. Los disparos, el funeral y el legado de un hecho trascendental.
La portada de Los Andes del 11 de noviembre de 1929 anunció el asesinato de Carlos Washington Lencinas, ocurrido la tarde anterior en el Círculo de Armas de Mendoza.
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El domingo 10 de noviembre de 1929, Carlos Washington Lencinas volvió a Mendoza en tren. Unas horas más tarde estaba muerto. A la mañana siguiente, Los Andes llevó el asesinato a su portada: "En la tarde de ayer fue asesinado el Dr. Carlos Washington Lencinas". Debajo, otro título señalaba el lugar de la tragedia: el Círculo de Armas, frente a la plaza San Martín. La edición del lunes 11 reconstruyó el viaje, el tiroteo y el traslado del cuerpo. También publicó un croquis de la escena y una fotografía tomada en la morgue del Hospital Provincial.
Lencinas tenía 41 años. Era abogado, exgobernador de Mendoza e hijo de José Néstor Lencinas, fundador del movimiento radical que llevaba su apellido. Tras la muerte de su padre se convirtió en su principal dirigente. Había gobernado entre 1922 y 1924 y mantenía un duro enfrentamiento con el yrigoyenismo, en una provincia atravesada por las intervenciones federales. Lencinas había viajado a Buenos Aires para reclamar su banca como senador nacional electo, la cual fue rechazada por el Congreso de la Nación tras acalorados debates.
Los Andes siguió su viaje desde antes de que el tren ingresara a la capital. En La Paz y en las estaciones intermedias lo saludaron delegaciones partidarias. El convoy llegó a Mendoza a las 16.45. En la Estación del Pacífico, una multitud ocupaba los andenes y la calle de acceso. El diario describió una "prolongada serie de aplausos y vítores" y contó que sus seguidores lo llevaron en andas durante varios metros.
La columna avanzó por Las Heras, Perú, Necochea y avenida España. Llenaba la calzada y las veredas a lo largo de más de una cuadra y media. En unas pocas calles del centro mendocino se concentraron, aquella tarde, una manifestación, varios discursos y, finalmente, el miedo.
Al llegar al Círculo de Armas, Lencinas salió a uno de los balcones. Hablaron varios dirigentes; Antonio García Pintos comenzó una arenga. Entre el público se escucharon voces hostiles al gobierno nacional. El propio Lencinas intentó calmar los ánimos con ademanes. Entonces comenzó el desastre. En la reconstrucción de Los Andes del día siguiente se lee:
"En ese instante se escuchó el primer disparo, que partió del grupo ubicado entre la puerta central del Círculo de Armas y el balcón cercano al teatro Municipal. Breves segundos después de haberse escuchado esta detonación, se escucharon tres o cuatro más, generalizándose luego el tiroteo, ascendiendo los disparos a un número aproximado de veinte".
La calle se vació de golpe. La gente corrió hacia la plaza San Martín: algunos se escondieron detrás del pedestal de la estatua del Libertador; otros, junto a las fuentes. También buscaron refugio en casas próximas y en la residencia del interventor federal.
Adentro del Círculo nadie advirtió enseguida la gravedad de lo ocurrido:
"Las personas corrían -señala la crónica- y se aglomeraban confusamente. Las puertas y ventanas se entornaban o se cerraban. En estos momentos, según nos han expresado algunos testigos presenciales, los que se encontraban más cerca del doctor Lencinas, trataban de cubrirlo y conducirlo al interior de la sala de billar.
Hasta ese instante, nadie sospechaba que el doctor Lencinas hubiese sido herido. Notaron, sin embargo, que éste se llevaba una mano al pecho, sin conseguir hablar. Cuando alguien le indicaba que tratara en definitiva de ponerse a salvo, los presentes notaron que el doctor Lencinas se desplomaba, arrojando sangre por la boca. Levantado por varios y colocado sobre la mesa de billar (…) la hemorragia interna era cada vez mayor.
Fue entonces que el doctor Rafael Néstor Lencinas, que había auxiliado a su hermano, dijo a los presentes: 'Carlos se muere, muchachos. Lo han asesinado'".
El traslado al Hospital Provincial abrió otra parte de la crónica, escrita mientras avanzaba la investigación:
"El cadáver del Dr. Lencinas se encontraba cubierto en parte con una sábana blanca, dejándose ver únicamente parte del pecho, cuya piel aparecía manchada con la sangre que la víctima había emanado desde el instante que fue mortalmente herido.
Momentos después de depositado el cadáver en la sala de guardia, se permitió el acceso a la misma al ex-vicegobernador Sr. Carlos Saá Zarandón, al Sr. Virgilio Sgnazzini y a un núcleo de periodistas. El cadáver del Dr. Lencinas permaneció hasta las 22.05 hs., en que fue retirado, conduciéndosele a la morgue".
La autopsia describió el recorrido de la bala por el tórax y confirmó que había atravesado órganos vitales. A pedido de la familia, el cadáver fue embalsamado; Los Andes informó que el procedimiento demandó alrededor de cuatro horas.
Lencinas fue velado en la casa familiar de la calle 25 de Mayo, entre Colón y San Lorenzo. Allí se instaló una capilla ardiente y comenzaron a llegar coronas enviadas por instituciones, centros políticos y particulares. Los vecinos desfilaron durante horas frente al féretro. Según reconstruye la historiadora Rosana Aguerregaray Castiglione, la cantidad de personas obligó a organizar turnos para permitirles la entrada.
Algunos comercios cerraron para que sus empleados pudieran asistir; teatros y cinematógrafos suspendieron funciones. En el cementerio, las tropas debieron abrir paso entre la gente. Hubo discursos, honores militares y aeroplanos que sobrevolaron la ceremonia. Los restos quedaron en el mausoleo familiar del cementerio de la Capital.
Los disparos de aquella jornada dejaron 15 heridos y dos muertos: Lencinas y al presunto asesino, José Cáceres. La Mendoza que había llevado a Lencinas en andas desde la estación terminó por acompañarlo hasta el cementerio. Apenas unas horas separaron los aplausos del silencio eterno.
Imponente mausoleo de la familia Lencinas está ubicado en el sector antiguo del Cementerio de la Ciudad de Mendoza, sobre la avenida principal cerca del ingreso por la Avenida San Martín.
Casi un siglo después, la respuesta continúa abierta. La investigación oficial señaló a José Cáceres y sostuvo que había actuado por motivos personales. Cáceres fue baleado durante el tiroteo y murió sin prestar declaración. Por eso, su presunta responsabilidad nunca pudo contrastarse con su testimonio. Tampoco quedó resuelta la discusión sobre el arma: se mencionaron una pistola Mannlicher y un revólver Smith & Wesson.
La historiadora María Cristina Satlari sostuvo una hipótesis distinta: el autor material habría sido Mariano Faccioli, vinculado al dirigente yrigoyenista Eduardo Evans. Según esa reconstrucción, Evans le habría pagado para asesinar al exgobernador. Adolfo Omar Cueto, también historiador y ex decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, recogió testimonios que apuntaban en la misma dirección, aunque ninguna de esas acusaciones terminó en una condena.
Existe además un relato indirecto según el cual los disparos de un automóvil distrajeron a la multitud y un hombre situado cerca de Lencinas le disparó a quemarropa. Esa versión llegó décadas después a través del hijo de un presunto testigo; no constituye una prueba concluyente.
La familia acusó al yrigoyenismo, pero tampoco se demostró la responsabilidad de Hipólito Yrigoyen.
Fuente: Los Andes
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