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Una escuela, una bandera y muchas culturas: la historia que abre cada noche la Fiesta del Inmigrante

"Donde nacen las palabras" recupera la historia de la Escuela 84, Aurora Solís de Barnatán y el origen multicultural de Oberá.

Por Gabriela Loreiro5 min de lectura
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Una escuela, una bandera y muchas culturas: la historia que abre cada noche la Fiesta del Inmigrante
Una escuela, una bandera y muchas culturas: la historia que abre cada noche la Fiesta del Inmigrante · Foto: Primera Edición

Antes de convertirse en una ciudad atravesada por colectividades, casas típicas y celebraciones culturales, Oberá tuvo que aprender a convivir en la diversidad. Uno de los primeros lugares donde ese encuentro se volvió cotidiano fue la escuela. En aquellas aulas coincidieron niños de familias llegadas desde distintos países con otros provenientes de hogares criollos. Había lenguas, costumbres, formas de vida y tradiciones diferentes, pero también un mismo espacio donde empezar a construir algo en común.

Ese momento de la historia local es el que inspira "Donde nacen las palabras", el cuadro que abre cada noche la 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante en el Parque de las Naciones. La propuesta toma como eje a la Escuela 84 de Oberá y a la figura de Aurora Solís de Barnatán, una de las docentes vinculadas a los primeros años de la educación en la ciudad. A través de danza, actuación, música y recursos audiovisuales, la puesta intenta reconstruir el clima de aquella comunidad en formación.

Detrás del espectáculo hubo primero una investigación. Daniela Meza y Belén Lemes trabajaron sobre documentos, historias y referencias vinculadas a los primeros inmigrantes y a los espacios que ayudaron a organizar la vida comunitaria. La escuela apareció rápidamente como uno de los más significativos. A partir de allí, la propuesta fue tomando forma junto a Maxi Ott y Sandro Pereira, responsables también de la puesta y la coreografía, mientras que Fabio Ojeda trabajó sobre la musicalización y Andrés Córdoba aportó el componente audiovisual.

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El proyecto terminó imponiéndose entre cerca de una docena de propuestas presentadas para ocupar el lugar central de apertura de esta edición.

Durante la preparación apareció una historia que modificó parte del planteo original y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más fuertes del cuadro. El equipo conoció el relato de que la primera bandera de la escuela había sido confeccionada con pequeños retazos de tela aportados por las propias familias. La historia llegó a través de una joven perteneciente a la colectividad paraguaya, cuya madre participa en el museo de la institución.

La imagen tenía una potencia difícil de ignorar: una bandera construida con fragmentos diferentes reunidos en una sola pieza.

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Por eso, aunque no estaba prevista inicialmente, terminó incorporándose a la puesta y pasó a funcionar como metáfora de aquel Oberá que comenzaba a formarse con personas de procedencias diversas. Sobre el escenario, ese concepto se transforma en movimiento. Los bailarines parten de historias distintas y terminan confluyendo alrededor de la bandera, hasta construir una imagen colectiva.

Otro de los ejes es la figura de Aurora Solís de Barnatán, representada en dos momentos de su vida. La docente jubilada María Amelia "Kitty" Ponce interpreta a Aurora en su etapa adulta, mientras que la joven bailarina obereña Keyla Fontana encarna al personaje durante su juventud. La elección permite que la misma historia sea atravesada por dos generaciones diferentes.

En el caso de Ponce, además, existe un vínculo personal con la Fiesta Nacional del Inmigrante. Durante años participó desde distintos lugares y acompañó buena parte de su crecimiento. También forma parte de la memoria de Oberá desde su propia llegada a la ciudad, el 29 de marzo de 1960. Para ella, el desafío no pasa solamente por representar a una docente, sino por imaginar qué implicaba enseñar en una comunidad donde cada alumno podía llegar al aula con una lengua, una historia familiar y una cultura distintas.

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Fontana representa otro extremo de ese puente. Actualmente transita su primer año como estudiante de danza clásica en el Parque del Conocimiento y pertenece a una generación que conoce aquella historia desde la distancia, pero que ahora debe apropiársela para llevarla al escenario.

La preparación del cuadro tampoco se limitó a los ensayos coreográficos. Los jóvenes fueron convocados inicialmente desde sus respectivas colectividades, pero durante el proceso comenzaron a involucrarse con el trasfondo de aquello que estaban representando.

Antes de cada función, Kitty Ponce comparte con ellos historias relacionadas con Aurora, con la escuela y con los primeros años de la ciudad. El objetivo es que la puesta no termine reducida a una sucesión de movimientos aprendidos de memoria. Para el equipo artístico, comprender la historia es parte del espectáculo.

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Esa construcción demandó ensayos semanales y obligó además a integrar participantes con experiencias muy diferentes. Algunos contaban con una trayectoria importante en danza; otros llegaban desde espacios distintos. Incluso se sumaron dos bailarines de malambo provenientes de Jardín América, quienes permanecieron varias semanas en Oberá para poder incorporarse al trabajo.

Maxi Ott, que participa por primera vez de la Fiesta, resumió el impacto que tuvo para él ese intercambio cultural con una frase: "Hoy me voy con el folclore mundial".

La coincidencia con el Día del Maestro terminó sumando otra capa de significado. Daniela Meza, quien también ejerce la docencia, encontró en esa circunstancia una conexión directa entre el pasado que intenta recuperar la obra y una profesión que tuvo un papel central en la consolidación de aquella comunidad.

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Pero el cuadro también propone una lectura más amplia. La escuela aparece como una especie de laboratorio inicial de algo que después terminaría definiendo a Oberá: personas de distintos orígenes aprendiendo a compartir un mismo territorio sin dejar de conservar sus propias identidades. Ese proceso que hace más de cien años ocurría dentro de un aula hoy se expresa de otra manera en el Parque de las Naciones.

Está en las casas típicas, en las comidas, en los idiomas, en la música, en las danzas y en los jóvenes que continúan representando culturas que llegaron a Misiones varias generaciones atrás. Por eso "Donde nacen las palabras" no busca solamente abrir una noche de espectáculos. Intenta volver sobre el punto en el que muchas de esas historias comenzaron a encontrarse.

Y quizás por eso la bandera hecha de retazos termina siendo una de las imágenes más precisas de todo el relato: una identidad construida con piezas diferentes, pero capaces de formar algo común.

Fuente: Primera Edición

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