Una mujer de 90 años le pidió a su hija un perro para hacer más llevadera su monótona vida en silla de ruedas
Donna James quería un animal pequeño que pudiera acompañarla durante largas horas. Una chihuahua buscaba exactamente el contacto que podía ofrecerle.

Donna James quería un animal pequeño que pudiera acompañarla durante largas horas. Una chihuahua buscaba exactamente el contacto que podía ofrecerle.
A los 90 años, Donna James hizo un pedido muy concreto a su familia: quería un pequeño perro de compañía que disfrutara permanecer sobre su falda mientras ella pasaba parte del día en una silla de ruedas. No buscaba una raza determinada ni un cachorro lleno de energía. Quería presencia y compañía.
Su hija comenzó entonces a consultar alternativas y entró en contacto con Pawportunities, una organización de rescate animal de Blue Springs, Missouri, Estados Unidos.
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La búsqueda inicialmente apuntaba hacia otro perro. Pero cuando los voluntarios escucharon exactamente qué clase de animal necesitaba Donna, pensaron inmediatamente en una pequeña chihuahua llamada Mocha.
Mocha no nació ciega. Según Pawportunities, perdió la visión repentinamente y desde entonces comenzó a buscar con todavía mayor frecuencia el contacto físico con las personas.
Eso generaba una coincidencia muy particular. Donna quería un perro tranquilo que pudiera pasar bastante tiempo sobre sus piernas. Mocha quería justamente un lugar seguro donde permanecer acurrucada y recibir contacto constante. La organización decidió presentarlas.
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El momento fue registrado en video. Donna estaba sentada en su silla de ruedas cuando colocaron a Mocha sobre sus piernas.


La perra se acomodó rápidamente, mientras Donna comenzó a acariciarla y besarla en la cabeza. En pocos minutos, Mocha estaba tan relajada que parecía quedarse dormida.
Para la familia, aquella reacción era justamente lo que esperaban encontrar. Pero el rescate todavía tenía una cuestión importante que resolver antes de confirmar la adopción.
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Donna tenía 90 años y los responsables de Pawportunities querían asegurarse de que el bienestar de la perra estuviera garantizado a largo plazo, incluso si en algún momento ella ya no podía encargarse personalmente.
La respuesta estaba en la estructura de la familia. Donna y su marido viven junto con su hija y otros integrantes del grupo familiar. Todos se comprometieron a hacerse cargo de Mocha y, además, organizaron una rutina para que la perra generara vínculos con más personas de la casa.
La idea era evitar que dependiera exclusivamente de Donna, sin quitarle el vínculo especial que había aparecido entre ambas.
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La directora ejecutiva de Pawportunities, Carrie Siems, explicó además que la historia deja una enseñanza útil para cualquier adopción: no todos los perros pequeños son perros de falda y la apariencia debería ser secundaria frente a la compatibilidad entre personalidad, necesidades y rutina.
Fuente: Los Andes
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