Una ONG que trabaja con presos advierte sobre el efecto de adicciones y la falta de cultura del trabajo
La Fundación Tercer Tiempo, aborda desde 2015 la reinserción social y laboral de reclusos en los pabellones y en su salida en libertad

La Fundación Tercer Tiempo, aborda desde 2015 la reinserción social y laboral de reclusos en los pabellones y en su salida en libertad
Por Lucas Ameriso
La Fundación Tercer Tiempo que desde 2015 vienen trabajando la reinserción social de los detenidos en unidades penitenciarias de la provincia a través del rugby presentó su informe institucional con varios datos destacados:los 500 presos con los que trabajan semanalmente tienen en su mayoría 18 años de edad, mientras que hay otras 600 personas extramuros con las que abordan la vuelta a la libertad. Los tres tópicos que se reiteran son los consumos problemáticos, la violencia en los barrios que impacta en la convivencia tras las rejas y la falta casi absoluta de la cultura del trabajo como medio de vida.
La idea de "hacer algo más" que juntarse con una ovalada de por medio. La fundación surgió hace más de una década y desde entonces ha venido sumando voluntarios y experiencias positivas con la población carcelaria. Enseñar el rugby entre los pabellones de presos no fue tarea sencilla, pero dio sus frutos a punto tal que ya se han dado varios partidos tanto dentro de los penales con otros equipos como fuera de ellos.
Actualmente unos 25 integrantes de la Fundación trabajaba en unidades, entre profesores, talleristas y profesionales. El camino en conjunto se inició en 2015, y luego se formalizó como institución en 2017 cuando se obtuvo la personería jurídica y se constituyó como fundación.
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En la actualidad, Tercer Tiempo tiene presencia en las unidades penitenciarias de Rosario, Piñero, Pérez, Santa fe y Coronda. Allí, aborda el consumo problemático de sustancias y la capacitación en oficios mediante talleres y espacios deportivos. Y la población alcanzada en unidades penitenciarias es de aproximadamente 500 personas, en su gran mayoría mayores de 18 años, pero también con poblaciones de jóvenes menores de edad que se encuentran en conflicto con la ley penal.
Los espacios extramuros con que cuenta la fundación se encuentran en los barrios Tablada, Ludueña y San Martin Sur, donde la población alcanzada ronda las 600 personas, siendo en su gran mayoría varones y mujeres cuyas edades inician a partir de los 12 años.
Esta tarea se lleva adelante mediante el acompañamiento y colaboración de diferentes programas del ministerio de Desarrollo e Igualdad (Nueva oportunidad, Germinando y Reintegrarse), el Ministerio de Seguridad y el de Trabajo de la provincia de Santa Fe y la colaboración diferentes actores de la sociedad civil.
La finalidad buscada es poder acompañar a las personas privadas de su libertad y que están próximas a recuperarla con la finalidad de que no vuelvan a caer en las mismas situaciones que las llevaron a una cárcel. Para esto se trabaja con profesionales que acompañan y orientan a esas personas, pero también a su entorno socio afectivo, para que una vez cumplida la condena tengan las herramientas para poder insertarse correctamente en la sociedad.
En diálogo con La Capital, Fernando Benítez, titular de la fundación, destacó la generación de espacios de abordaje, mientras los reclusos cumplen condena para identificar problemas y dificultades. "Que no sea solo encierro, sino aprovechar ese tiempo para conocer a la persona y las situaciones particulares", marcó, para explicar que se busca conocer el entorno del preso (familias, parejas, situación barrial), para cooperar en su vuelta a la libertad.
"Buscamos hacer un acompañamiento de la persona cuando recupera esa libertad (esta es la etapa más crítica a nuestro criterio) mediante capacitaciones, trabajo y complemento educativo", marcó el directivo de la ONG, para enumerar los tres problemas más recurrentes: el principal y que abarca a un número alto de la población es el consumo problemático. "Actualmente tenemos talleres con profesionales que abordan el consumo de sustancias. Pero lamentablemente traen esa situación desde afuera", marcó. Y agregó: "Luego son los inconvenientes que traen de afuera (problemas con otras bandas) razón por la cual se complica reducir la violencia en los diferentes barrios. La otra situación es la falta de algún oficio o profesión que les permita trabajar cuando egresan de una unidad".
En este último punto, Benítez aclaró algo alarmante: "No es tanto la falta de capacitación en oficios. Muy pocos los traen incorporados, el tema es que no está naturalizado el trabajo como medio de vida". Por ello Tercer Tiempo busca aprovechar el tiempo intramuros para revertir situaciones que traen desde el primer día en prisión.
"Como integrantes de la fundación, buscamos aportar a la reducción de la violencia urbana que castigó nuestra provincia acompañando a las personas cuando regresan a la calle", subrayó.
Además, de los tres temas más recurrentes, también se detectaron otros como las dificultades de acceso a servicios básicos, recorridos educativos interrumpidos e inserciones laborales marcadas por la informalidad y la inestabilidad. A ello se suman barreras de acceso al sistema de salud, vinculadas tanto a obstáculos materiales como a experiencias negativas y desconfianza institucional, que dificultan la continuidad de tratamientos.
Presos de buena conducta de la Unidad Penitenciaria Nº6 participaron el viernes pasado de un nuevo encuentro de rugby dentro del penal.
En este escenario, los dispositivos territoriales de la Fundación Tercer Tiempo adquieren un valor estratégico central. En particular, Rugby en los Barrios se consolida como un espacio de referencia sostenida, que articula el deporte con el acompañamiento psicosocial y la presencia territorial.
La entidad destacó la necesidad de sostener abordajes integrales continuos y articulados, en lugar de respuestas sectoriales o fragmentadas.
En el afuera el empleo atraviesa todas las generaciones. Son trabajos informales o precario y sostenidos a su vez de programas sociales y redes comunitarias para garantizar la subsistencia. El relevamiento muestra que muchas personas llegan a la Fundación a través de derivaciones informales (vecinos, referentes barriales, talleristas, familiares o trabajadores sociales) y que el acceso posterior a otros derechos (salud mental, tratamientos por consumo, acompañamientos educativos o sociales) se produce una vez establecido el vínculo con los dispositivos territoriales. La Fundación opera como un dispositivo de primer contacto que reduce barreras de acceso a los sistemas formales de salud, educación y protección social, habilitando trayectorias de cuidado.
A modo de conclusión, desde Tercer Tiempo se brega por profundizar la articulación con políticas públicas y redes territoriales, consolidar estrategias de acompañamiento laboral, talleres de Educación Sexual Integral (ESI) y seguir legitimando el cuidado de la salud mental como una dimensión central del bienestar.
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Fuente: La Capital
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