Una pelea entre vecinos de Chimbas y la mujer armada que mató a Kevin Borquez
Una tarde de mayo de 2011 se suscitó una pelea entre vecinos a raíz de un robo. Hubo golpes y pedrea, hasta que apareció una mujer con un revólver y disparó a mansalva, con tan mala suerte que hirió de muerte a un niño.

El conflicto comenzó con el reclamo de un vecino a otro por un robo en su casa del barrio Necochea. No faltaron los insultos y amenazas de ambas partes, pero el clima se caldeó de tal manera que en segundos volaron las trompadas y se agarraron a pedradas. Aquello era una verdadera batahola en plena calle, pero el caos fue aún peor en el momento en que apareció esa pareja en moto y la mujer que venía en el asiento trasero bajó con el revólver en mano, decidida a amedrentar a uno de los bandos. Los testigos afirmaron que disparó "a lo tonta" y sin mirar a quién, pero uno de esos tiros dio en la persona menos esperada. El proyectil impactó en la cabeza de un niño llamado Kevin Alejandro Borquez, que intentaba escapar de la balacera.
El trágico caso ocurrió hace más de quince años. Para ser precisos, la tarde del martes 3 de mayo de 2011, en el interior del barrio Necochea, en Chimbas, y desató la indignación de los vecinos, que quemaron dos casas como venganza por la muerte de ese nene de 9 años. Pero el problema comenzó a las 16.30 de ese día, cuando Julio César Carrasset descubrió que alguien le había entrado a robar y se cruzó hasta la casa de la familia Millicay para increpar a uno de los hijos.
Julio Carrasset lo culpó del robo, pero del otro lado le respondieron con insultos y amenazas. Así empezó la pelea, en la que también se sumó Deolinda Elizabeth Godoy, expareja de Carrasset y madre de sus hijos, para hacer frente a los Millicay. Ahí se trenzaron a golpes, pero estos últimos eran más e hicieron retroceder a Godoy y Carrasset. En eso también los corretearon a pedradas.
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El despiole era grande. Deolinda Godoy no se quedó con que los Millicay los echaran; entonces se marchó hasta su casa, situada a unas cuadras de allí, y regresó a los pocos minutos en moto, en compañía de su pareja de ese entonces, Gerardo Cayetano Rivero. Ambos iban en auxilio de Carrasset, pero lejos estuvieron de querer apaciguar. Llegaron hechos los hampones, dispuestos a enfrentar al otro bando.
Los vecinos que presenciaron la escena contaron que Rivero sacó un revólver de la cintura y se lo pasó a Deolinda Godoy, que al estilo de "Pepita La Pistolera" provocó un verdadero desmadre. Es que sacó el arma y empezó a gatillar a mansalva. Los testigos aseguraron que disparó a ciegas contra la gente. Ahí se produjo el desbande. Entre las personas que corrían para refugiarse estaba Kevin Alejandro Borquez. El chico de 9 años se alejaba cuando recibió un balazo que entró a la altura de la nuca, atravesó parte de su cráneo y salió cerca del ojo izquierdo.
La tía y la madre de Kevin, como algunos vecinos, se dieron cuenta de que el niño había sido herido cuando lo vieron agarrarse del alambrado de una casa y caer con la cabeza ensangrentada. Los gritos de espanto y desesperación de sus familiares paralizaron al resto de la gente, que miraba paralizada al chico tendido en la vereda, mientras Rivero y Godoy escapaban haciendo gestos desafiantes desde la moto para que no los siguieran.
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El nene fue asistido por un equipo médico pasadas las 17.30 de ese martes y luego trasladado al servicio de urgencias del Hospital Guillermo Rawson. Pero la desesperación y la angustia no alcanzaron para reanimar a ese pequeño, que ya había muerto producto de ese disparo. Por más dolorosa que resultara, los médicos y los policías de la Comisaría 17ma., que ya habían tomado el control de la situación, tuvieron que comunicar a los familiares de Kevin su fallecimiento.
La terrible noticia no tardó en correr por el barrio y estalló la furia de los vecinos. En cuestión de minutos se reunió una muchedumbre que avanzó hasta la casa de Julio Carrasset y literalmente la destruyó. El hombre ya no estaba en la vivienda porque la Policía lo había trasladado a la Comisaría 17ma.; tampoco sus hijos. Lo que no rompieron, lo saquearon. Robaron todo lo que pudieron. No se salvó ni el tanque de agua.
Los policías fueron sobrepasados y nada pudieron hacer para evitar la bronca vecinal. Los revoltosos luego se trasladaron a la casa de Deolinda Godoy y también le prendieron fuego y la desmantelaron. El caos, aun así, no calmó el dolor por la muerte de ese inocente llamado Kevin Borquez.
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Con Carrasset detenido, los investigadores policiales salieron a buscar a los verdaderos responsables del crimen. Es que no se tenían rastros de Gerardo Cayetano Rivero y Deolinda Elizabeth Godoy. Era cuestión de horas. La mujer, de 24 años, se entregó el mismo martes a la noche, en compañía de un abogado, ante el juez Agustín Lanciani, del Segundo Juzgado de Instrucción. Al otro día, los policías de la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía capturaron a Rivero, de 26 años, en un domicilio del barrio Los Troperos, en Santa Lucía.
Lo que no pudieron encontrar fue el revólver calibre 38 largo con el que quitaron la vida a Kevin. Ese miércoles 4 de mayo también intentaron atacar la casa de la madre de Godoy, pero personal de Infantería contuvo a los violentos.
En principio, Rivero y Godoy fueron imputados por homicidio simplepor la muerte de Kevin. Carrasset despegó porque se constató que nada tenía que ver con los disparos. Con el avance de la causa y durante el juicio, la acusación quedó encuadrada en una figura más específica. A Deolinda Elizabeth Godoy se le atribuyó el delito de homicidio simple con dolo eventual agravado por la utilización de un arma de fuego, mientras que a Gerardo Cayetano Rivero se lo consideró partícipe principal del homicidio con dolo eventual, también agravado por el uso de un arma.
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Las pruebas reunidas durante el debate fueron determinantes. Varios vecinos declararon que Rivero llegó junto a Godoy en una moto, sacó un revólver de su cintura y se lo entregó a la mujer. También afirmaron que Godoy apuntó hacia el grupo de personas y efectuó los disparos. El médico forense Eduardo Miguel Ángel Recabarren confirmó durante el juicio que el proyectil ingresó por la nuca de Kevin y salió por la zona del ojo, y descartó que la bala mortal hubiera rebotado en el suelo. A eso se sumaron la autopsia, informes policiales, pericias, el croquis del lugar y otros elementos incorporados al expediente.
Durante el juicio, las defensas dieron otra versión de lo ocurrido. Rivero sostuvo que no sabía que Godoy llevaba un arma y que solamente la había trasladado hasta el lugar para auxiliar a Carrasset. Por su parte, Godoy afirmó que tomó el revólver para asustar a quienes arrojaban piedras y hacer que se retiraran. Dijo que sabía que el arma podía dispararse, pero aseguró que nunca tuvo intención de matar a nadie y que los disparos se produjeron cuando intentaba amedrentar a quienes participaban de la pelea. Sus defensores pidieron que el hecho fuera considerado un homicidio culposo y plantearon además la posibilidad de una legítima defensa de terceros.
Pero el 19 de noviembre de 2013, el juez José Atenágoras Vega, de la Sala Segunda de la Cámara en lo Penal y Correccional, dio a conocer el veredicto y condenó a ambos a 15 años de prisión. Godoy fue considerada autora penalmente responsable del homicidio simple con dolo eventual agravado por la utilización de un arma de fuego, mientras que Rivero fue condenado como partícipe principal del mismo delito. Los fundamentos de la sentencia fueron leídos posteriormente, el 4 de diciembre de 2013.
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Fuentes: Sentencia de la Sala I de la Cámara Penal y Correccional, testimonios de policías que trabajaron en el caso, artículos periodísticos del matutino Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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