Una relación tóxica y el joven iglesiano que murió acuchillado por su pareja
Él era albañil y estaba enamorado de esa muchacha por la cual dejó Rodeo y se vino al Gran San Juan. Una noche de abril de 2011, ella lo mató de un cuchillazo en el corazón.

Silvio había hablado esa noche con su mamá. Le contó que estaba en la casa de su pareja y que había visto a su nene. Él parecía tranquilo; en cambio, la chica se notaba preocupada. En una suerte de confesión, ella le dijo a su suegra: "Yo quiero cambiar, no quiero llevar la vida de antes y quiero ser una señora". Pero también le advirtió que "hasta que él no cambie, conmigo no va más...". Aquella charla telefónica se dio alrededor de las 21 y nada hacía suponer que algo terrible sucedería. Una hora y media más tarde, el muchacho apareció herido en esa casa de Rivadavia, con un cuchillazo en el pecho que acabó con su vida.
Así, con punto y coma, empezaba aquella crónica que escribí en otro medio en abril de 2011. Era el inicio del relato de una historia tenebrosa, atravesada por una relación tóxica entre un joven iglesiano y una chica de Rivadavia que acabó en un asesinato. Un crimen que, a diferencia de otros casos en los que la mujer termina muerta, tuvo como víctima a ese muchachito de 21 años, de nombre Silvio Sebastián Poblete.
Se sospechó de un ataque en defensa propia; la propia Gisela Marilin Ocampo lo declaró así en el juzgado. Pero su declaración inicial esa noche del 25 de abril de 2011, su modo de actuar frente a los primeros testigos y todo lo que después se conoció en torno al caso la puso como la única responsable de aquella tragedia ocurrida en una casa de calle Rastreador Calívar, metros al sur de avenida Benavídez, en Rivadavia.
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La historia entre ambos empezó a fines de 2009, en el poblado iglesiano de Rodeo. Silvio tenía tan solo 19 años cuando conoció a Marilin, esa muchacha de 22 años de La Bebida que conocía la calle y los problemas. Para ese entonces ella ya había afrontado una causa penal por facilitación de la prostitución de una chica menor de edad y otra por lesiones, a raíz de las agresiones cometidas contra su madre y su tía.
Nada impidió que Marilin y Silvio iniciaran un romance. El joven, que era tímido y de pocas palabras, se enamoró perdidamente de esa chica. La relación continuó aun después de que ella regresara a Rivadavia. Él viajaba desde Rodeo para verla y finalmente formalizaron el noviazgo. Ella tenía un hijo de una pareja anterior; al tiempo quedó embarazada del joven iglesiano y nació otro niño que selló la unión entre ellos.
La pareja vivió unos meses en la casa del padre de Marilin y, en diciembre de 2010, se mudó a una habitación de alquiler en un conventillo de calle Sargento Cabral, cerca de Matías Zavalla, más conocida como Cabañas. Pero no todo era amor entre ambos. Él era un joven introvertido, mientras que ella tenía un carácter fuerte y dominante, aunque también lo quería a su modo. Él lo sabía y creía que era la mujer de su vida. Silvio guardaba como un tesoro en su billetera una tarjeta en la que Marilin le había dedicado: "Sos el chico más aniñado que haya conocido (sic)".
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A menudo con congeniaban. La dueña de la propiedad declaró que solía escuchar las discusiones de la pareja, pero más que nada los gritos de Marilin. Esa mujer también tuvo encontronazos con la joven, con quien había cortado todo diálogo por lo conflictiva que era y le pidió que desocupara la pieza. Hasta los propios familiares de la chica describían a Silvio como sumiso en esa relación. Un cuñado destacó que ella solía gritar e insultar al joven iglesiano frente a todos en las reuniones familiares.
Un tío de Silvio, que vivía en Rivadavia, contó en la causa que presenció una situación que le pintó a las claras que esa relación no marchaba bien. Recordó que casi no veía a su sobrino, pero un día, en los primeros meses de 2011, el joven lo llamó para que lo fuera a buscar al inquilinato de calle Sargento Cabral. Cuando llegó, encontró al muchacho en la vereda, con unos artefactos y unos bolsos. Marilin lo había echado de la pieza que compartían y le había quemado parte de su ropa.
Esos días, Silvio Poblete se refugió en casa de su tío, pero a las semanas volvió con Marilin a la habitación de la calle Sargento Cabral. El hombre mayor aconsejó al joven que se apartara de esa relación, pero él decía que "amaba" a la muchacha y quería estar con ella y su hijo. Los conflictos continuaron, pero siguieron juntos hasta que, a mediados de abril de 2011, se separaron de nuevo. La joven decidió dejar al albañil iglesiano y se marchó con sus dos hijos a otra casa que alquiló en calle Rastreador Calívar, cerca de Benavídez.
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Los testimonios señalaron que veían llorar a Silvio Poblete, quien no tenía vergüenza en afirmar que deseaba volver con Marilin. Igual la iba a ver y, en sus horarios libres o en los días de descanso, se llevaba al hijo para no desobligarse de su responsabilidad. Era relación de amor y odio entre ambos.
Marilin imponía su carácter cuando se lo proponía. De acuerdo con la causa, la tarde del lunes 25 de abril de 2011, la chica le escribió ocho mensajes de texto a Silvio para exigirle que fuera a su casa. Los chats tenían un tono violento. Lo acusaba de engañarla con otra mujer, hasta lo insultaba y lo amenazaba que si no se presentaba en un lapso de 15 minutos hablaría con "la vieja de mierda".
Silvio Poblete cedió a las órdenes de Marilin y concurrió a la casa de calle Rastreador Calívar. Estuvieron conversando y, en esos momentos, el joven mantuvo comunicación con su madre en Rodeo, ocasión en la que Marilin tomó el celular para cruzar algunas palabras con su suegra y le expresó eso de que "yo quiero cambiar...". Después pasó lo que pasó, aunque nunca se conoció en detalle qué sucedió dentro de la cocina comedor de esa casa de bloques.
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Alrededor de las 23, Marilin tomó un cuchillo tipo Tramontina y le clavó un puntazo en el corazón a Silvio Poblete. La herida fue tan certera que el joven no pudo mantenerse en pie y cayó agonizando en el piso de la cocina de esa casa. El cuchillo se partió. La hoja metálica quedó incrustada en el pecho del albañil y el mango en la mano de la muchacha, que luego se las ingenió para sacar la punta del cuerpo de Silvio y la tiró arriba de una tela de media sombra de la vivienda vecina.
Ella aseguró a los policías del hospital que Silvio Poblete había llegado herido de la calle y no desconocía quién lo había agredido.
En esos minutos ella planeó una coartada. Corrió a la casa de un vecino, de apellido Abaca, y le pidió que la ayudara a trasladar a su pareja, que estaba herida, en su camioneta Chevrolet. Ese hombre y otros dos jóvenes que pasaban por la calle cargaron a Silvio Sebastián Poblete en la caja del vehículo y partieron al hospital.
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El joven iglesiano ya iba muerto. Lo certificaron los médicos que lo recibieron en el servicio de urgencias del Hospital Marcial Quiroga, quienes, al constatar el fallecimiento, dieron inmediato aviso a los policías de la guardia. Esos uniformados fueron los que entrevistaron a Marilin Ocampo, que, alterada, aseguró que no sabía qué había pasado. En esa primera declaración dijo que Poblete había llegado herido de la calle y que desconocía quién lo había agredido.
Los policías no le creyeron y detuvieron a la joven y al chofer de la camioneta hasta que todo aclarara. Luego se demostró que el vecino solo había prestado auxilio y recuperó la libertad. Por el contrario, Marilin Ocampo fue detenida y trasladada a la Comisaría 23ra como única sospechosa. En su ropa hallaron manchas de sangre. En la tela media sombra de su casa encontraron el cuchillo partido en dos. Para entonces, la coartada de un ataque callejero ya se había caído. Los vecinos fueron contestes en señalar que no vieron ningún incidente callejero y que Silvio Poblete fue hallado inconsciente y herido dentro de la vivienda de Ocampo.
La investigación llevó a Ocampo a juicio acusada como autora de homicidio simple, en perjuicio de Poblete. Contra ella pesaron los ocho mensajes que había enviado al joven antes del encuentro, el cuchillo tipo Tramontina encontrado partido en dos sobre la media sombra de la vivienda vecina, las manchas de sangre halladas en su ropa y los testimonios de los policías que recibieron su primera versión. Los testimonios de los vecinos y los familiares del joven y la chica también echaron luz sobre la conflictiva relación de la pareja y las actitudes violenta de Marilin.
Durante el juicio, la defensa sostuvo que Ocampo había actuado en legítima defensa y que la muerte se produjo accidentalmente durante un forcejeo. Pero los jueces entendieron que las pruebas reunidas permitían reconstruir otra secuencia. Para el tribunal, la joven actuó de manera deliberada, consciente y voluntaria, impulsada por el conflicto que mantenía con Poblete y los celos por la supuesta infidelidad. Consideraron que el ataque con el cuchillo fue intencional y que, al momento de herirlo en el pecho, se representó como posible el resultado mortal. Por eso descartaron la legítima defensa y la declararon responsable del homicidio simple.
El tribunal estuvo integrado por Raúl José Iglesias, presidente de la Sala Primera de la Cámara en lo Penal y Correccional; Juan Carlos Caballero Vidal y Silvia Peña Sansó de Ruiz, vocales. Los tres votaron por unanimidad la condena. La sentencia, cuya parte dispositiva había sido leída el 8 de agosto de 2013, impuso a Ocampo la pena 12 años de prisión de cumplimiento efectivo, además de las accesorias legales, por el homicidio simple de Poblete.
Fuentes: sentencia de la Sala I de la Cámara Penal y Correccional del Poder Judicial de San Juan, recortes de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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