Uno alza la pala y otro camina la calle para ganarse la vida, los sacrificios de los jugadores de la B que sueñan con ascender
Ignacio Ramírez, de Villa Obrera, y Rodrigo Arancibia, de Villa Hipódromo, palpitaron las semifinales que se jugarán este fin de semana y, aunque se ilusionan con la victoria, destacaron su camino recorrido para llegar hasta donde están, ser futbolistas, vestir los colores que am…

Detrás de cada camiseta, cada gol y cada festejo en el fútbol de ascenso sanjuanino hay historias que pocas veces salen a la luz. Jugadores que llegan directamente de trabajar en una obra, que apenas tienen tiempo para cambiarse antes de entrenar y que, en algunos casos, ni siquiera alcanzan a comer. Esa es la realidad que describieron Rodrigo Arancibia, de Villa Hipódromo, e Ignacio Ramírez, de Villa Obrera, dos protagonistas de las semifinales de la Primera B de la Liga Sanjuanina de Fútbol que compartieron sus experiencias en el programa de streaming Entretiempo.
Los futbolistas, de 36 y 19 años respectivamente, representan a dos de los cuatro equipos que siguen en carrera por el único ascenso a Primera División. Sin embargo, más allá de la competencia deportiva, ambos coincidieron en que llegar a esta instancia significa mucho más que ganar partidos: es la recompensa de meses de esfuerzo, sacrificios personales y un profundo sentido de pertenencia hacia sus clubes.
"Hay muchos chicos que llegan tarde a entrenar porque trabajan. Muchos son albañiles, ayudantes de albañil, pintores. De las obras se vienen con la ropa de trabajo, los borcegos, se cambian y se ponen a entrenar", relató Arancibia al describir una de las postales más habituales del fútbol de ascenso.
El delantero de Villa Hipódromo recordó especialmente el caso de un compañero que llegó a entrenar con los brazos cubiertos de pintura después de una extensa jornada laboral. "Me dijo: 'Chicos, avisen al profe que llego un poquito más tarde porque estoy trabajando'. Ese sacrificio es muy lindo, uno lo ve. Por eso se disfruta tanto cuando tenés un triunfo de esa manera", expresó.
Su testimonio fue respaldado por Ramírez, el joven arquero de Villa Obrera, quien reveló que algunos compañeros llegan a los entrenamientos sin haber tenido tiempo de alimentarse. "Hay muchos chicos que llegan de trabajar tarde y van y entrenan, no comen, nada de eso. Ahí se ve el sacrificio de cada uno, que quiere estar", aseguró.
Incluso contó que uno de los futbolistas de su plantel termina de trabajar cuando los entrenamientos prácticamente concluyeron, pero igualmente se presenta en el club para realizar algunos ejercicios en soledad. Para el arquero, ese compromiso demuestra cuánto significa para cada jugador formar parte del equipo.
Las historias de ambos futbolistas también reflejan las dificultades de compatibilizar las obligaciones laborales con la pasión por el deporte. Arancibia explicó que trabaja como vendedor para dos empresas y que buena parte de sus mañanas transcurren caminando, repartiendo folletos y buscando clientes. Una rutina que, sumada a sus 36 años, muchas veces le pasa factura físicamente.
"No estoy para los 90 minutos, el profe sabe. No estoy al ciento por ciento de mi capacidad física, pero sabe que con mi actitud yo quiero estar", reconoció.
Sin embargo, su compromiso con Villa Hipódromo trasciende lo que sucede dentro de la cancha. Además de integrar el plantel, colabora como delegado ante la Liga Sanjuanina y participa de distintas tareas vinculadas al funcionamiento del equipo. "Yo quiero estar sumando donde toque. Si me toca jugar, juego; si no me toca jugar, no. Voy a sumar igual, donde toque sumar al grupo, al club, que es lo que más quiero", sostuvo.
Por su parte, Ramírez contó que se gana la vida realizando changas de albañilería, trabajos de yeso y tareas en fincas. Su rutina comienza muchas veces a las 6 o 7 de la mañana y termina apenas minutos antes de los entrenamientos. "Le digo a mi tío que se acuerde de que tengo que entrenar a las cuatro. Me traen a las tres y media, llego, ni me baño, directamente me cambio y me voy", relató el arquero de 19 años.
Durante la entrevista, Ramírez también compartió una historia personal que refleja su vínculo con Villa Obrera. Contó que, cuando era niño, pasaba frente al club camino a la escuela y observaba con admiración a los jugadores que entrenaban.
"Una vuelta le dije a mi vieja, cuando me acompañaba a la escuela: 'Algún día voy a entrar al club ahí a jugar'. Y ahora que estoy en la Primera trato de disfrutar eso", recordó. Su llegada al fútbol fue casi accidental. Un amigo, Juan Pablo Campiá, lo invitó a entrenar cuando tenía alrededor de 15 años. Aunque inicialmente fue como jugador de campo, el equipo necesitaba un arquero y terminó ocupando ese puesto sin siquiera tener guantes.
Con el tiempo comenzó a progresar en las distintas categorías, aunque también atravesó momentos difíciles. Incluso confesó que llegó a dejar de asistir a la escuela para priorizar los entrenamientos. "Me llevaba las cosas de entrenar y no llevaba las cosas del cuaderno. Me iba a la una y tenía que esperar en la plaza hasta las cuatro que entrenaba. Después llamaron a mi vieja porque no entraba a la escuela", contó.
El joven reconoció que llegó a pensar en abandonar el fútbol porque entrenaba durante toda la semana y no encontraba oportunidades para jugar. Sin embargo, continuó intentando ganarse un lugar y hoy tiene por delante la posibilidad de alcanzar un ascenso histórico con el club de su barrio. "Quiero ascender con la Villa porque vamos a quedar en la historia", aseguró.
En el caso de Arancibia, el presente deportivo también tiene un significado especial. El delantero fue protagonista de una victoria decisiva para Villa Hipódromo al convertir un gol sobre el final del encuentro, una conquista que desató el festejo de sus compañeros y los hinchas.
El futbolista recordó que la jugada nació de una intervención de Nico Jofré, quien atrajo la marca de los defensores y terminó habilitándolo para definir. "Me quedé sin voz gritándole porque vi que justo había un espacio en el medio. Se fueron los dos defensores con él creyendo que le pegaba al arco y cuando me la tocó al medio, me quedó", relató.
Pero la ilusión de ascender tiene para Arancibia un componente todavía más emotivo: comparte el plantel con sus dos hermanos, mientras que sus padres, su esposa, sus hijos y sus suegros acompañan al equipo desde las tribunas. "Siempre estamos ahí cerquita. Perdimos la semifinal, perdimos la final. Hay una sensación en Villa Hipódromo, increíble, de que este es el año", expresó.
El jugador remarcó que el grupo lleva varias temporadas intentando conseguir el objetivo y que un ascenso significaría una enorme alegría para toda la familia del club. "Nosotros estamos jugando por amor al fútbol, por amor a esto, a lograrlo", resumió.
Con cuatro equipos todavía en carrera, la Primera B sanjuanina entra en su etapa decisiva. Los cruces de semifinales quedaron definidos de la siguiente manera: Villa Obrera vs. Libertad Juvenil y Árbol Verde vs. Villa Hipódromo. Ambos encuentros se disputarán a partido único y en cancha neutral, al igual que la final. Solamente uno de los cuatro protagonistas conseguirá el esperado ascenso a Primera División.
Fuente: Tiempo de San Juan
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