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Vivió un año en un camión y hoy transporta combustible: la sanjuanina que se abrió camino en un mundo de hombres

Cintia Totero dejó San Juan con dos hijas pequeñas para perseguir un sueño que parecía imposible. Pasó más de una década recorriendo rutas argentinas, llegó a vivir dentro de un camión y hoy, de regreso, maneja transporte de combustible

Por Cecilia Corradetti4 min de lectura
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Vivió un año en un camión y hoy transporta combustible: la sanjuanina que se abrió camino en un mundo de hombres
Vivió un año en un camión y hoy transporta combustible: la sanjuanina que se abrió camino en un mundo de hombres · Foto: Tiempo de San Juan

Cuando Cintia Totero era chica y caminaba por las calles de Chimbas, había algo que llamaba su atención por encima de todo: los camiones. Mientras otros niños soñaban con profesiones tradicionales, ella se quedaba mirando esos gigantes de acero que atravesaban las rutas y desaparecían en el horizonte. No sabía exactamente por qué, pero estaba convencida de que algún día quería estar detrás de uno de esos volantes. El problema era que nadie a su alrededor compartía esa idea.

Su padre, propietario de Radiadores Totero, un conocido taller sanjuanino de radiadores y calefacción, no veía con buenos ojos que su hija quisiera dedicarse a una actividad históricamente reservada para hombres. Por eso la impulsó a estudiar. Cintia cursó Derecho y Recursos Humanos, intentó seguir un camino más convencional y cumplir con las expectativas familiares, pero había algo que no lograba sacar de su cabeza: las rutas.

"Desde chica me gustaban los camiones. Era algo que siempre tuve adentro", recuerda. Durante años ese deseo pareció imposible. No provenía de una familia de transportistas, no tenía contactos en el rubro y, además, debía enfrentar un prejuicio que todavía hoy persiste en algunos sectores: la idea de que manejar camiones de gran porte no es un trabajo para mujeres.

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La oportunidad apareció gracias a un cliente del taller de su padre. Mario González, de la empresa Puertas de Cuyo, escuchó su historia y decidió darle una chance. Lo que para muchos era apenas una oportunidad laboral, para ella significaba el comienzo de la vida que siempre había imaginado.

A los pocos meses tomó una decisión que cambiaría todo. Hizo las valijas, reunió coraje y se fue a Córdoba con sus dos hijas pequeñas para empezar de cero. Dejaba atrás a su familia, sus afectos y la comodidad de lo conocido para apostar por un sueño que nadie podía garantizar que funcionara.

Transportaba cereal, madera y productos alimenticios

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"Los primeros años no fueron fáciles. Mientras recorría rutas transportando cereal, ladrillos, madera, gaseosas y productos alimenticios, mis hijas crecían acompañadas por una niñera que las llevaba a la escuela y las cuidaba durante sus viajes. Yo pasaba días enteros arriba del camión, cruzando provincias y acumulando kilómetros. Aprendí a convivir con la soledad, con los horarios impredecibles y con un sistema pensado casi exclusivamente para hombres", recuerda.

Las estaciones de servicio, los paradores y los lugares de descanso de las rutas argentinas fueron diseñados históricamente para choferes varones.

"Muchas veces algo tan simple como encontrar un baño adecuado o un espacio seguro para descansar se transformaba en una dificultad extra", señala. Sin embargo, nunca pensó en abandonar.

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Durante 12 años hizo larga distancia y convirtió la ruta en su segunda casa. Aunque, en realidad, por momentos fue literalmente su única casa.

"Cuando mis hijas crecieron y regresaron a San Juan para vivir con su abuela, mi mamá, permanecí en Córdoba. Pasaba tanto tiempo viajando que tomé una decisión extrema: vivir dentro del camión", repasa.

Vivir en un camión: miles de anécdotas y una decisión dificil

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Durante un año completo ese vehículo fue su hogar. Allí dormía, descansaba y organizaba su vida entre viaje y viaje. El mismo lugar desde donde recorría el país transportando cargas se transformó también en el espacio donde terminaba cada jornada.

"El camión era mi casa, mi lugar de trabajo y mi lugar de descanso", resume.

Después de más de una década lejos de San Juan, volvió para pasar sus vacaciones junto a su familia. Su madre, que había soportado años de distancia, le pidió que no regresara a Córdoba. El deseo de quedarse estaba, pero la realidad parecía complicada. Conseguir trabajo como camionera en San Juan no era sencillo y menos aún para una mujer.

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"Los días pasaban y las oportunidades no aparecían. Ya me preparaba para volver a Córdoba cuando recibí una llamada que todavía recuerdo como uno de los momentos más importantes de mi vida. Era el área de Recursos Humanos de Grupo CINCA, que quería entrevistarme para incorporarme al equipo de transporte de combustible de YPF", evoca.

La propuesta parecía demasiado grande. Transportar combustible es una de las tareas más exigentes dentro del rubro y requiere capacitación, responsabilidad y experiencia. Pero también era la oportunidad de regresar definitivamente a su provincia.

Hace cuatro años que trabaja allí y no duda al hablar del lugar que encontró. Destaca el respeto, el compañerismo y la posibilidad de crecer profesionalmente en un ambiente donde se sintió valorada por su capacidad y no por su género.

Mamá de tres hijos rompiendo estereotipos

A los 42 años, madre de Guadalupe, Luján y Fabrizio, Cintia sabe que su historia es mucho más que la de una camionera. Es la historia de una mujer que desafió expectativas, que dejó todo para perseguir un sueño, que pasó años recorriendo el país y que incluso llegó a vivir dentro de un camión para sostener el trabajo que amaba.

También es la historia de alguien que ayudó a abrir una puerta para otras mujeres que quieren ingresar a actividades tradicionalmente masculinas. Porque cada vez que se sube a la cabina de un camión cargado de combustible, demuestra que la capacidad no tiene género y que los sueños, por más difíciles que parezcan, encuentran la manera de llegar a destino.

Fuente: Tiempo de San Juan

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