Vuelve el trueque: la crisis, la solidaridad y el sueño de construir una red entre vecinos
Nina Fernández convocó para este sábado a una primera reunión en la plaza San Martín de Santa Rosa. La impulsora del proyecto es una persona autista y pidió que la iniciativa no dependa de ella, que se transforme en una comunidad organiza…

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EL DIARIO digital
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Vuelve, todo vuelve. Las crisis económicas, la falta de dinero y el trueque como uno de sus síntomas más visibles. Más de dos décadas después de su expansión durante el derrumbe social de 2001 y 2002, un grupo de vecinos y vecinas comenzó a organizar un nuevo Club del Trueque en Santa Rosa.
La primera reunión será este sábado 25 de julio, a las 16, en la pérgola de la plaza San Martín. La convocatoria tendrá carácter informativo: no será todavía una feria, no habrá mesas ni se realizarán intercambios de productos. La intención es que quienes se sumaron al grupo de Facebook "Club del Trueque Santa Rosa" puedan conocerse, compartir propuestas y comenzar a definir cómo funcionará el espacio.
La historia de Nina
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La impulsora de la iniciativa es Nina Fernández, quien presentó la convocatoria como "un proyecto para construir entre todos". Su historia personal y el mensaje que difundió en las redes sociales permiten comprender también el sentido que busca darle a la propuesta: no solamente un mecanismo para intercambiar bienes sin dinero, sino una red comunitaria basada en la solidaridad y la distribución de responsabilidades.
"Sentí que era importante contarles algo sobre mí. Soy una persona autista. Tengo muchísimas ganas de impulsar este proyecto porque creo profundamente en el valor del trueque y en la solidaridad entre vecinos", expresó.
Luego de que distintos medios intentaran comunicarse con ella, Fernández explicó que la exposición pública y determinadas interacciones pueden provocarle una sobrecarga que la deja agotada durante varios días. Sin embargo, aclaró que no hizo pública esa situación para generar lástima ni para establecer límites al crecimiento de la iniciativa.
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"Lo cuento porque quiero que este grupo crezca tanto que ya no dependa de una sola persona. La idea nunca fue crear mi grupo. Yo di el primer paso, pero sueño con que sea un espacio de todos y para todos", sostuvo.
Su expectativa es que, a medida que avance la organización, las tareas puedan dividirse entre quienes participen. Algunas personas podrían encargarse de la difusión, otras de coordinar los encuentros, administrar las redes sociales, recibir a quienes se incorporen o resolver las necesidades que vayan surgiendo.
"Aunque al principio seamos pocos, si cada uno aporta un poquito, nadie tiene que cargar con todo. Y eso también hace que el proyecto tenga más posibilidades de durar en el tiempo", señaló.
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Fernández imagina la reunión de este sábado como el punto de partida de una construcción colectiva. Incluso relató que desde la Municipalidad le ofrecieron la posibilidad de utilizar, más adelante, un espacio cerrado y acondicionado, en caso de que los encuentros prosperen.
"Es una oportunidad muy valiosa que podremos aprovechar si entre todos hacemos crecer este proyecto", afirmó.
El sueño de una red en cada barrio
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La propuesta no se limita a constituir un único nodo en el centro de Santa Rosa. El objetivo de la organizadora es que, con el tiempo, puedan conformarse espacios de intercambio en diferentes barrios de la ciudad.
"No imagino un único gran grupo concentrado en el centro de Santa Rosa. Me gustaría que este sea el comienzo para que cada barrio pueda organizar sus propios encuentros de trueque", manifestó.


La descentralización permitiría incorporar a personas que tienen dificultades para trasladarse, ya sea por el costo del transporte público, por sus horarios laborales, porque tienen familiares a cargo o porque viven alejadas del centro.
"Creo que acercar estas redes a los barrios puede hacer una diferencia real en la vida cotidiana de muchas familias", consideró.
Fernández insistió en que su intención no es conducir una organización personalista, sino acompañar la construcción de una comunidad. "Mi cabeza funciona de una manera distinta. Tengo una enorme conciencia social y muchas ganas de generar cambios, pero también tengo dificultades para determinadas interacciones. Por eso necesito confiar en un grupo que quiera caminar conmigo y no detrás de mí", expresó.
"Ojalá este proyecto deje de tener un nombre propio y pase a ser una comunidad donde todos podamos construir, decidir, ayudar y sentirnos parte. Estoy segura de que, entre todos, podemos hacer que este sueño empiece a tomar forma", completó.
El antecedente de 2001
El anuncio resulta inevitablemente asociado con la crisis de 2001 y 2002, cuando los clubes del trueque se multiplicaron en todo el país frente al desempleo, la pobreza y la falta de dinero en efectivo.
Aunque la denominada Red Global del Trueque había nacido en Buenos Aires en 1995, el fenómeno alcanzó su mayor expansión durante el colapso económico de comienzos de siglo. En La Pampa se organizaron nodos en salones comunitarios, clubes, plazas y comedores de Santa Rosa, General Pico, Toay y diferentes localidades del interior.
El sistema se basaba en la figura del "prosumidor": cada participante era al mismo tiempo productor y consumidor. Las familias ofrecían alimentos elaborados, ropa, calzado, herramientas, verduras, artículos domésticos y distintos servicios. A cambio recibían otros productos o vales conocidos como "créditos", que circulaban dentro de los nodos.
Durante los momentos más críticos, el trueque funcionó como una red de contención para miles de familias que no tenían ingresos suficientes o directamente carecían de dinero para acceder a productos básicos.
A partir de 2003, con la recuperación gradual del empleo, la implementación de programas sociales y los problemas provocados por la falsificación de créditos, muchos de esos espacios comenzaron a disolverse. Otros se transformaron en ferias francas, mercados barriales o encuentros de emprendedores.
Sin embargo, el trueque nunca desapareció completamente. Reapareció de manera intermitente durante distintos períodos de inflación, caída del poder adquisitivo y contracción del consumo. Las redes sociales también modificaron su funcionamiento: hoy es posible acordar un intercambio a través de Facebook o WhatsApp y concretarlo posteriormente en una plaza, un club o un punto acordado.
La nueva experiencia santarroseña surge en un escenario atravesado por el desempleo, la informalidad laboral, la pérdida de ingresos y el crecimiento de trabajos precarios vinculados, entre otros sectores, a las aplicaciones digitales.
No se trata del mismo país ni de la misma sociedad que atravesaron la crisis de 2001. En aquel momento no existían las billeteras virtuales, las plataformas de compraventa ni las actuales redes sociales. Pero la necesidad de intercambiar productos sin utilizar dinero vuelve a aparecer como una señal de dificultades económicas que alcanzan a numerosas familias.
Todavía no se sabe si el encuentro convocado para este sábado será el inicio de un nuevo movimiento de clubes del trueque o solamente una experiencia acotada. Para Nina Fernández, de todos modos, el primer objetivo ya está planteado: que las personas se encuentren, se organicen y construyan una red que no dependa de una sola persona.
"Yo di el primer paso", resumió. El resto, espera, deberá construirse entre todos.
Fuente: El Diario de La Pampa
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