Ya está con el desahogo, pónganse a laburar
Si la ruptura es real, si el cambio que se anuncia con gestos y señales es genuino, el lugar donde eso tiene que demostrarse con hechos concretos es precisamente ahí, en el recinto.

Hay un momento en toda ruptura política en el que la adrenalina del proceso, la novedad, el vértigo de los cambios acelerados, empieza a ceder y aparece algo más humano y menos estratégico. El desahogo.
Eso es lo que está apareciendo en la Cámara de Representantes de Misiones en estas primeras semanas de sesiones tras el quiebre de la sociedad política que supo ser oficialismo provincial. La dirigencia política del ex Frente Renovador entró en una etapa de desahogos colectivos, y se nota. Los demás observan, se ríen y por momentos gozan.
Algunos lo hacen de forma directa y casi payasesca cada jueves, otros con gestos algo más astutos y por último están los que lo hacen con la inteligencia propia de quien acumuló años de militancia y conducción.
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La diferencia entre unos y otros está en la experiencia política previa a este momento. Los que entraron por invitación a dedo se apresuran atolondradamente. Y los que caminaron los pasillos durante mucho tiempo son más sutiles.
Pero todos están haciendo exactamente lo mismo, sacarse de encima años de ninguneo y destrato acumulados en silencio. Es comprensible. Incluso es humano, pero ya lleva tres semanas y empieza a ser demasiado.
El circo de las bancas y los lugares comunes
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La Cámara lleva tres semanas de sesiones con un protagonismo que tiene más de chicana que de debate legislativo genuino. El nuevo oficialismo, con Juan Szychowski al frente de la presidencia del bloque del Movimiento por lo que Viene, viene administrando el recinto con una cuota de ironía que divierte a los ajenos, pero empieza a fastidiar a algunos de los propios, porque no suma demasiado a la agenda que la provincia necesita discutir.
Esta semana el foco estuvo en dos cuestiones, por un lado las restricciones al uso de los espacios comunes que Carlos Rovira había ocupado durante años sin que nadie lo cuestionara, y la ubicación de su banca dentro del recinto. Sobre lo primero, es válido normalizar el uso de los espacios institucionales y era hora que eso les preocupe a los mismos que usaban el Salón de las Dos Constituciones de la Legislatura como si fuera un local partidario.
Sobre lo segundo, es irracional, ilógico y anormal lo que está sucediendo. En cualquier legislatura del país, y en el propio Congreso de la Nación, los bloques se sientan de forma coordinada, con todos sus miembros juntos. La ruptura del Frente Renovador dejó a Rovira sentado en el medio de la bancada del Movimiento, una situación que advertí como problemática desde antes de que se reanudaran las sesiones.
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El ex gobernador Maurice Closs lo graficó con una precisión que no necesita demasiado agregado: "¿Alguien se imagina a Riquelme en el medio del vestuario de River en la previa de un Superclásico? Normalidad. Es por ahí".
La discusión es válida. El tono con el que se está llevando, en cambio, ya cumplió su ciclo. Y es el presidente de la Legislatura, Sebastián Macias, quien debe devolverle la normalidad al armado estructural de las bancadas legislativas.
Lo que la Legislatura puede y debe hacer
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Mientras tanto hay algo que la dirigencia del Movimiento por lo que Viene parece no terminar de dimensionar, o que dimensiona pero posterga. La Legislatura no es sólo el escenario donde se expresa la ruptura sin involucrar en lo discursivo al gobernador, es el lugar desde el que se puede construir algo nuevo y terminar con lo viejo, de verdad.
Durante más de dos décadas, la Cámara de Representantes fue el instrumento desde el que Carlos Rovira dio respaldo jurídico a su entramado político y económico. Leyes, marcos regulatorios, estructuras institucionales que sostuvieron un modelo de gestión que hoy el propio Movimiento dice querer superar.
Si la ruptura es real, si el cambio que se anuncia con gestos y señales es genuino, el lugar donde eso tiene que demostrarse con hechos concretos es precisamente ahí, en el recinto.
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Un ejemplo apareció esta semana y pasó casi inadvertido en medio del ruido de las bancas y los espacios comunes. Ingresó a la Cámara un proyecto para modificar la ley que prohibía el uso del glifosato en la provincia. Es exactamente el tipo de iniciativa que merece un debate serio, técnico y con perspectiva de provincia. El tipo de debate que la ciudadanía espera de una Legislatura que dice haber cambiado. El tipo de debate que debería ocupar hoy espacio en las redes o en los medios, en lugar de que el conventillo por la ubicación de las bancas sea el tema de conversación.
Los diputados del Movimiento llevan tres semanas de desahogo. Es comprensible, ya se dijo. Pero el desahogo tiene fecha de vencimiento, y en política ese vencimiento llega rápido. La calle, que volvió a prestarle atención al oficialismo provincial después de meses de indiferencia, no va a mantener esa atención indefinidamente. Y cuando la gire, no se va a llevar el recuerdo de las chicanas sobre las bancas. Se va a llevar la última imagen que vea.
Si realmente quieren que en la calle se empiece a tomar en serio la ruptura y la desaparición de la sociedad política que condujo los destinos de Misiones durante veintitrés años, el camino no pasa por el circo. Pasa por ponerse a trabajar. La Legislatura está ahí para eso.
Fuente: El Territorio
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