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Ya no alcanza con gritar mejor que el resto

No es momento de festejos para Milei. La mejora en los ingresos sigue lejos y el tiempo apremia: comenzó la campaña por la reelección. ¿Podrá recuperarse? ¿Le basta con lo que tiene hasta ahora? La mayoría de las encuestas lo niega.

Por Redacción Diario Panorama7 min de lectura
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Ya no alcanza con gritar mejor que el resto
Ya no alcanza con gritar mejor que el resto · Foto: Diario Panorama

No es momento de festejos para Milei. La mejora en los ingresos sigue lejos y el tiempo apremia: comenzó la campaña por la reelección. ¿Podrá recuperarse? ¿Le basta con lo que tiene hasta ahora? La mayoría de las encuestas lo niega.

Por Francisco Olivera, en diario La NaciónEs muy probable que el lunes, al momento de anticipar que el peronismo estaba dispuesto a nacionalizar empresas si volvía al poder, el gobernador Ricardo Quintela tuviera la idea apuntada en su cuaderno. Anota siempre todo, como lo hacía Néstor Kirchner. No se le escapó, buscó el momento y el modo de decirlo: la entrevista con El Destape terminaba, lo estaban despidiendo y quiso agregar algo más: se dirigió a "los inversores" y propuso la bomba en nombre de todo el PJ. "Lo que haya que expropiar lo vamos a expropiar", dijo. El Gobierno celebra: todavía en medio de un cambio drástico de régimen económico y con ingresos insuficientes en la mayor parte de los sectores, cuanto más antagonista parezca el adversario, cuantas más piedras vuelen en el Congreso contra los proyectos del oficialismo, mejor. Es lo que suponen sus estrategas de campaña.

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No son tiempos de festejos para Milei. La mejora en los ingresos sigue lejos y el tiempo apremia: ya está en campaña por la reelección y para conseguirlo necesita depender de sí mismo y ganar en una primera vuelta. ¿Podrá recuperarse? ¿Le alcanza con lo que tiene hasta ahora? La mayoría de las encuestas dicen que no. El último sondeo que Atlas Intel hizo para la agencia Bloomberg dice que el 62,4% de los consultados rechaza el desempeño del Presidente y un 37,1% lo acepta.

Por eso es relevante lo que pase en la oposición. ¿Hay un líder capaz de transformar ese 62,4% en votos? Por ahora, tampoco. "Somos tan boludos que nos peleamos tratando una ley. Tiene que haber una gran PASO y ofrecerles a los argentinos el mejor candidato el año que viene", dijo ayer Pablo Moyano en la Plaza de Mayo. Lo de Quintela es un ejemplo de esa dispersión. Y muy sugestivo. En su entorno dicen que, más que provocar con futuras expropiaciones, quiso enviarle un mensaje a Kicillof, ausente en la convocatoria que el riojano había hecho en su provincia para el 31 de julio, cuando invitó a todo el PJ al aniversario de la muerte de Angelelli y solo contó con algunos. Máximo Kirchner, entre ellos. No se le escapa que el peronismo necesita llegar unido a 2027 ni que parte de la estrategia de Kicillof consiste en convencer a la parte del electorado menos afín a las expropiaciones. Pero Quintela necesita que lo tengan en cuenta.

El vacío en la oposición constituye hasta ahora uno de los activos más potentes del Gobierno. ¿Es posible que, todavía con el poder adquisitivo del asalariado 30% debajo de lo que era en 2017 y sin una reactivación uniforme, estén tan aplacados los liderazgos no oficialistas? "¡Paro general!", gritaba ayer a modo de reproche, camino a la Plaza, la columna del Partido Obrero, diezmada en relación con los acampes de 2023 y mirando de reojo al sindicato de los camioneros, que marchaba a pocos metros.

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Milei logró licuar el poder de esos sectores con un puñado de aciertos que hoy parecerían insuficientes para ganar en 2027. Caída en la inflación, equilibrio fiscal, orden en las calles. La debilidad se advierte en realidad en todo el establishment. Días atrás, en una reunión informal con dos o tres pares, Eduardo Elzstain se lamentaba de la ausencia de voces relevantes del mundo de las empresas. ¿Miedo después de las agresiones del Presidente a Paolo Rocca y a Madanes Quintanilla? Es probable. Aquellos episodios sacudieron a todos. Hasta Mauricio Macri fue en ese momento testigo de una catarsis del dueño de Techint. La atribuyó a la falta de costumbre: "Tiene la piel muy poco curtida: ¡con las cosas que me dijeron a mí!", lo oyeron decir.

Milei avanza todavía con el envión del hartazgo de 2023. Parte de su liderazgo está edificado sobre el desprestigio del resto. Para el eslogan "la patria no se vende", que lo obligó a resignar esta semana el capítulo III de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que extendía del 15 al 25% la superficie rural autorizada para propietarios extranjeros, fue más efectiva Tini Stoessel que Mayans. Hasta Antonella Roccuzzo se sumó con un like. Según la encuesta de Atlas Intel, en un paisaje que asigna imagen neta negativa al 100% de los dirigentes de la Argentina, los mejores opositores encumbrados son Kicillof y Myriam Bregman, con 38% de positiva. Pero ellos están terceros, detrás de Patricia Bullrich, que encabeza el ranking con 44%, e incluso de Milei, que está segundo, con 39%.

Ese territorio arrasado parece haber convencido al Presidente de mantenerse en su estilo personal, que suscita múltiples rechazos, pero que incluye al mismo tiempo una externalidad de la que evidentemente saca provecho: ha corrido el umbral de incorrección política hacia fronteras insospechadas. No deja de ser una ventaja: como no hay ya ninguna declaración suya que pueda sorprender, Milei puede triplicar discursivamente la apuesta sin que le importen los costos. Al PJ le llevó tiempo encontrar el modo de contestarle. ¿Cómo hacerlo frente a quien se jacta de argumentos que la dirigencia tradicional considera impublicables? ¿Cómo se debate con un candidato que dice que los deudores no merecen ser rescatados porque nadie los obligó a endeudarse o que los jubilados o los discapacitados no tendrán aumentos porque el sistema es insostenible?

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Hace dos meses, probablemente como consecuencia de una operación de los servicios de inteligencia, se conocieron audios de Milei con una amiga a la que le decía intimidades que avergonzarían al 100% de los mortales. La filtración, que les habría hecho pagar un costo enorme a Macron o Trump, duró en la opinión pública no más de 48 horas. No porque no fuera escandalosa, sino porque ya nada llama la atención. Haber traspasado esos límites discursivos vuelve también más sencillo un ajuste. Hasta que llegó Milei, la política argentina evitaba esa palabra. "No me van a psicopatear como a Macri", suele decir el Presidente en la intimidad.

La incógnita es si el desmembramiento general no acabará revirtiéndose en la medida en que no mejoren los ingresos. El objetivo de Milei es arduo: se propone bajar el IPC manteniendo a raya la cantidad de pesos con un apretón monetario mientras, al mismo tiempo, recompone tarifas, que a su vez contribuyen a subir ese mismo IPC. Cuando él repite que el consumo está en niveles históricos, algo que efectivamente dice el Indec, omite también un dato político fundamental: con la emisión por las nubes y una inflación de tres dígitos como la que hubo hasta 2023, ese consumo de entonces incluía más ocio o diversión que, por ejemplo, el pago de tarifas de servicios públicos, hoy un 15% más altas que entonces en términos reales. Y eso influye en el malhumor.

Como además pretende mantenerse en la ortodoxia, tampoco tiene tantas alternativas. ¿Podría ayudar en el asunto el regreso de créditos en dólares para los no exportadores después de 25 años, como ya dan por sentado algunos banqueros? En todo caso no será inmediato. "Voy a morir con las botas puestas", repitió Milei esta semana. Esa eventual muerte política, con o sin botas, es la apuesta de la oposición. De Kicillof, desde ya, pero también de Sergio Massa, que no está retirado ni mucho menos: dice en la intimidad que al haber quedado en 2023 a tres puntos de la victoria en el balotaje, ese podría ser su capital para 2027. "Que Sergio no hable públicamente no significa que no esté", dijo esta semana Sebastián Galmarini, diputado provincial del Frente Renovador. Y hasta Sergio Uñac se anota en la lista. Si todos se pelean, razona, él podría ser el candidato del consenso. Las encuestas le dan por ahora entre 2 y 6%. "Poco, lo mismo que tenía Néstor en 2003", sonríen sus asesores.

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Ninguno de estos proyectos puede prosperar sin votos ajenos. Muchos de los cuales en 2023 fueron para Milei. Por eso la otra parte del trabajo consiste en dividir la oferta de la centroderecha. Sobran, por ejemplo, interesados en financiar la campaña de Victoria Villarruel o de Pro. Es un paisaje extraño: con todo tan ajustado, gana el que menos pierde.

Fuente: Diario Panorama

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