Elecciones 2027: el desgaste de Milei no encuentra todavía un heredero opositor
Una encuesta nacional muestra elevados niveles de rechazo hacia Milei, Kicillof, Bullrich y Bregman y dificultades para ampliar sus techos

A poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, el escenario político argentino aparece atravesado por una paradoja: las principales figuras conservan núcleos propios de apoyo, pero ninguna logra ampliar con claridad su techo electoral.
Así surge del Monitor de Opinión Pública de julio elaborado por Zentrix Consultora, que midió tanto la imagen de distintos dirigentes como su potencial de voto para 2027 entre 1.468 personas de todo el país.
El informe describe un panorama de "rechazo generalizado" a la dirigencia, en el que el desgaste del presidente Javier Milei no termina de traducirse en crecimiento equivalente para las principales figuras opositoras.
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La característica común es el tamaño del electorado que responde que "jamás votaría" a cada uno de los dirigentes relevados.
Javier Milei presenta uno de los pisos electorales más firmes: el 24% asegura que "seguro lo votaría" en 2027 y otro 15% sostiene que podría hacerlo. Sin embargo, el 57% afirma que jamás lo votaría, el mayor nivel de rechazo entre las principales figuras analizadas en el estudio.
El dato coincide con un deterioro de su imagen registrado durante los últimos meses. En julio, la imagen positiva del Presidente se ubicó en 30,9%, mientras que la negativa alcanzó el 58,5%. El contraste con comienzos de año resulta significativo: en enero, su valoración positiva había llegado al 45%.
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El desgaste también aparece en la evaluación de gestión. El 58,9% desaprueba actualmente al Gobierno nacional, frente a un 31,4% que lo aprueba, según la evolución mensual presentada por el Monitor.
Milei conserva, no obstante, una base propia considerable. El problema que plantea el estudio de cara a 2027 no está tanto en su piso como en la dificultad para ampliar apoyo fuera de ese núcleo, debido al elevado porcentaje que ya manifiesta que no lo votaría bajo ninguna circunstancia.
Axel Kicillof aparece en una situación similar. El 26,2% de los consultados asegura que seguramente lo votaría, el porcentaje más elevado entre las figuras incluidas en la medición, y otro 20,6% responde que podría hacerlo.
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Pero nuevamente aparece un límite importante: el 50,7% afirma que jamás lo votaría. El propio informe interpreta que ese nivel de rechazo restringe considerablemente sus posibilidades de expansión.
La imagen del gobernador bonaerense tampoco muestra actualmente un saldo favorable. En julio registró 35,4% de imagen positiva y 51,5% negativa, mientras 12,7% lo calificó de manera regular. Su fortaleza, sin embargo, varía considerablemente según los segmentos del electorado.
El gráfico de potencial electoral muestra mejores registros entre los mayores de 60 años y entre las mujeres, mientras que su principal dificultad aparece entre los votantes más jóvenes, donde el rechazo alcanza niveles particularmente elevados.
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Patricia Bullrich tampoco logra romper el patrón. Según el Monitor, el 16,3% asegura que definitivamente la votaría y otro 27,7% considera que podría hacerlo, mientras 50,4% afirma que jamás le daría su voto.
El gráfico de potencial electoral muestra además una fuerte diferencia por edades: Bullrich encuentra su menor piso entre los jóvenes de 18 a 39 años y mejora entre los sectores de mayor edad. Su balance de imagen también permanece en terreno negativo: 36,6% tiene una valoración positiva, 12,8% regular y 50% negativa.
La segmentación territorial expone otra particularidad: su imagen positiva es considerablemente mayor en el interior del país que en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, aunque ese comportamiento no resulta suficiente para neutralizar el rechazo general.
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El caso de Myriam Bregman presenta una paradoja diferente. Es la única dirigente de las cuatro figuras relevadas que mantiene un saldo positivo de imagen: 43,1% de valoración favorable frente a 40% negativa. Sin embargo, esa mejor percepción personal no se transforma automáticamente en intención de acompañamiento electoral.
Sólo el 12,3% responde que seguramente la votaría, mientras otro 32,5% podría hacerlo y alrededor de la mitad manifiesta que jamás la elegiría. De esta manera, Bregman muestra un techo potencial menos condicionado por su imagen que por la dificultad para convertir esa valoración favorable en un núcleo electoral sólido.
Ese es, justamente, uno de los principales hallazgos políticos del estudio. El deterioro de la imagen presidencial durante 2026 no produjo hasta ahora un traslado nítido de adhesiones hacia una figura opositora.
Kicillof mantiene un piso electoral competitivo, pero carga con un rechazo superior al 50%. Bullrich también encuentra a la mitad del electorado cerrado a votarla. Bregman consigue un mejor balance de imagen, pero comienza desde un núcleo de voto seguro considerablemente menor.
El resultado es un tablero con electorados relativamente consolidados pero fuertes dificultades de expansión, en el que los rechazos personales pesan tanto como las adhesiones. El propio informe resume ese escenario al señalar que "ninguna figura muestra hoy un techo competitivo de cara a 2027".
La fotografía adquiere mayor relevancia porque aparece acompañada por un fuerte malestar social y económico. En julio, las principales preocupaciones mencionadas fueron corrupción, con 48,8%; ingresos y salarios, con 46,9%; e incertidumbre económica, con 41,6%. Más atrás quedaron desempleo, tarifas, deuda, inseguridad, educación, inflación y salud.
El escenario que surge del relevamiento no es, por ahora, el de una sociedad que abandona una opción política para abrazar masivamente otra, sino el de un electorado fragmentado, con núcleos firmes de adhesión y niveles de rechazo capaces de limitar el crecimiento de prácticamente todos los dirigentes medidos.
De mantenerse esa tendencia, el desafío hacia 2027 será menos conservar el voto propio que lograr perforar el techo que hoy imponen quienes ya aseguran que jamás votarían a cada candidato.
Fuente: Primera Edición
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