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La peregrinación en bicicleta desde Conscripto Bernardi a San Nicolás cumple 20 años

La peregrinación empezó por una promesa. A los 69 años, Miguel Ramos volverá a pedalear 430 kilómetros hasta el santuario bonaerense.

Por Vanesa Erbes7 min de lectura
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La peregrinación en bicicleta desde Conscripto Bernardi a San Nicolás cumple 20 años
La peregrinación en bicicleta desde Conscripto Bernardi a San Nicolás cumple 20 años · Foto: UNO Entre Ríos

La peregrinación empezó por una promesa. A los 69 años, Miguel Ramos volverá a pedalear 430 kilómetros hasta el santuario bonaerense.

Por Vanesa Erbes

A Miguel Ramos le cuesta hablar de la Virgen del Rosario de San Nicolás sin emocionarse. A sus 69 años, lleva dos décadas cumpliendo una tradición que se convirtió en una de las experiencias más importantes de su vida: realizar una peregrinación en bicicleta desde Conscripto Bernardi hasta el santuario bonaerense. Son aproximadamente 430 kilómetros de distancia, que cada año vuelve a recorrer junto a un grupo de compañeros.

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La próxima travesía comenzará este domingo. La primera etapa tendrá como destino María Grande y, durante los días siguientes, los peregrinos atravesarán distintas localidades entrerrianas hasta llegar a Victoria. Desde allí, cruzarán hacia Rosario y continuarán el recorrido hasta San Nicolás, donde esperan arribar el jueves 24 para participar de la vigilia y de las celebraciones del día de la Virgen, al día siguiente.

Miguel Ramos tiene 69 años y es el impulsor de esta iniciativa que promueve la fe.

Ramos no es un ciclista que entrena durante todo el año; sin embargo, cuando se acerca la fecha de la peregrinación, procura preparar las piernas para afrontar el desafío. "Ahora he andado un poquito más que otros años", contó a UNO, aunque dejó en claro que el verdadero motor de la travesía es la fe. "Siempre fue muy fuerte el sacrificio, la fe, y cuando uno mira siempre para adelante y nunca mira para atrás, es cuando se llega", expresó.

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La historia de Ramos con la Virgen de San Nicolás comenzó mucho antes de su primera peregrinación en bicicleta. Desde los primeros tiempos de la devoción, cuando la imagen se encontraba en un espacio precario dentro del predio donde luego se levantaría el santuario, ya había visitado el lugar junto a su familia.

A fines de 2001, una sobrina de su esposa fue asesinada por su marido. En medio de aquel momento trágico, la familia debió viajar a San Nicolás, en un contexto en el que los cortes de rutas complicaban los desplazamientos por el país. Durante esa visita, Ramos pidió al remisero que lo llevara hasta el santuario para buscar agua bendita y acercarse a la Virgen. Fue allí, frente a la imagen, donde pronunció una frase que terminaría cambiando su vida: "Virgencita, qué lindo sería venir a visitarte en bicicleta desde Conscripto Bernardi", fue lo que dijo.

La idea quedó guardada en su interior y, con el paso de los días, comenzó a tomar fuerza. Por cuestiones laborales, recién pudo concretarla en 2003, cuando reservó diez días de sus vacaciones para emprender el viaje. "Si lo hubiera pensado, no lo hubiera hecho", reconoció al recordar aquella primera salida.

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No conocía el camino, no sabía dónde pasaría las noches y tampoco tenía demasiadas certezas sobre lo que encontraría en la ruta. Con una bicicleta rodado 26, una mochila y algunas pertenencias, se lanzó a la aventura. "Me fui nomás al rumbo, con la Divina Providencia, y que ellos me guíen", relató.

Después de preguntar a distintas personas qué trayecto debía tomar, llegó a San Nicolás el 25 de septiembre, alrededor de las 10 de la mañana. Había cumplido la promesa y descubierto una forma de peregrinar que, desde entonces, se convertiría en una parte esencial de su vida.

Durante los primeros tres años, Ramos realizó el trayecto en soledad. "Solo no me acompañaban la Virgen y Dios", contó. Con el tiempo comenzaron a sumarse familiares, amigos y vecinos. Uno de sus hijos lo acompañó durante dos años y, posteriormente, se incorporaron peregrinos de distintos lugares.

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En los últimos años, la propuesta también abrió sus puertas a las mujeres. Para la edición de este año, el grupo estará integrado por ocho personas, de las cuales tres son mujeres. Participarán peregrinos de Bernardi, Federal y Paraná, entre otras localidades.

Miguel Ramos es quien comenzó esta travesía cumpliendo una promesa

La travesía se organiza en varias etapas y requiere combinar resistencia física, descanso y solidaridad. El primer día, los ciclistas recorrerán unos 115 kilómetros hasta María Grande, donde descansarán en una pensión ubicada en una estación de servicio de GNC.

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Al día siguiente, partirán rumbo a Crespo. Allí, la Municipalidad les facilita el alojamiento en un espacio destinado a actividades deportivas y de ciclismo, una ayuda que Ramos destacó especialmente. "Es muy buena la atención; inclusive, hasta la comida nos dan", relató.

Luego continuarán hacia Victoria, uno de los tramos más exigentes por sus pendientes y desniveles. En esa ciudad suelen alojarse en un hotel, donde aprovechan para descansar, compartir unos mates y recuperar fuerzas.

Para cruzar hacia Rosario, los peregrinos deben contratar a una persona que los transporte junto con sus bicicletas, ya que no pueden atravesar el puente pedaleando. Desde la otra orilla emprenden el último tramo hacia San Nicolás.

El regreso se realiza en camionetas facilitadas por el municipio de Bernardi y por amigos que colaboran con el traslado.

A lo largo de estos 20 años, Ramos enfrentó durante la peregrinación lluvias, viento, tormentas, granizo, fiebre y dolores físicos. En una de sus primeras travesías, incluso tuvo que pasar una noche con fiebre en Nogoyá, bañándose con agua fría y tomando medicamentos para poder continuar. Al día siguiente, pese a los chaparrones, volvió a salir a la ruta.

Su relato está atravesado por una convicción que repite como un principio de vida: nunca mirar hacia atrás. Para él, concentrarse en el destino ayuda a superar los obstáculos y a no dejarse vencer por el cansancio.

Uno de los momentos más intensos ocurre cuando el grupo se acerca a San Nicolás. Al llegar a Villa Constitución, a unos 15 kilómetros del santuario, la emoción comienza a hacerse presente. "Desde ahí ya me lloro todo", confesó.

El llanto reúne recuerdos, agradecimientos, pedidos y el vínculo con miles de personas que cada año llegan al santuario desde distintos puntos del país y de países vecinos.

La peregrinación de Ramos no tiene únicamente un sentido personal. Desde hace años, vecinos, familiares y conocidos le entregan cartas con pedidos para la Virgen. Son mensajes que lleva consigo durante todo el trayecto, como una forma de acompañar a quienes no pueden viajar.

"Llevo cartitas que me trae la gente, cartitas para pedirle a la Virgen", contó, y afirmó que por eso el momento de llegar al santuario adquiere un significado especial.

"Cuando yo llego a San Nicolás y toco la Virgen, en la cual yo me entrego totalmente a ella, entrego los dolores, las enfermedades de todos los hermanos que llevo a mi espalda", relató emocionado, y describió que al tocar la imagen siente que el cansancio desaparece.

Este año, el grupo llevará una intención colectiva: pedir por la paz en el mundo y por la justicia. "Es lo que tanto necesitamos", sostuvo Ramos.

Ramos perdió dos años de peregrinación durante la pandemia y otro debido a una operación de hernia. El resto de las ediciones pudo completar el recorrido y, a pesar del paso del tiempo, no piensa abandonar mientras tenga salud. "Voy a seguir hasta que Dios me diga basta", afirmó.

Entre los integrantes que acompañan a Ramos se encuentra el paranaense Nano López, fotógrafo y comunicador que desde hace varios años colabora con la logística de la peregrinación. Su propia historia con la Virgen de San Nicolás también nació de una promesa: en 2003 nació una sobrina suya con una grave complicación de salud en el Hospital San Roque de Paraná. La beba fue trasladada posteriormente al Hospital Garrahan y comenzó a evolucionar favorablemente. En medio de la incertidumbre, López prometió que, si la niña se recuperaba, viajaría en bicicleta hasta el santuario.

Después de conocer la historia de Ramos a través de una nota periodística, se puso en contacto con él. En 2017 se sumó al grupo y comenzó a realizar la peregrinación de manera sostenida. Desde entonces, suele incorporarse en Crespo, y aun cuando las dificultades económicas o laborales le hacen dudar de la posibilidad de viajar, encuentra la manera de volver a la ruta. Al igual que Miguel y junto al resto de los peregrinos, está convencido de que siempre vale la pena seguir adelante.

Fuente: UNO Entre Ríos

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