Panaderías de Paraná y la zona advierten que las ventas cayeron hasta un 30%
La pérdida del poder adquisitivo impacta en el consumo y lleva a clientes a reemplazar productos en las panaderías por opciones más económicas

La pérdida del poder adquisitivo impacta en el consumo y lleva a clientes a reemplazar productos en las panaderías por opciones más económicas
Por Vanesa Erbes
El aumento de la harida impactó en el precio del pan
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Aunque el pan continúa siendo uno de los alimentos más tradicionales de la mesa de los argentinos, las panaderías de Paraná y la región advierten una retracción de las ventas que, según estiman desde el sector, ronda entre el 25% y el 30% en comparación con años anteriores.
Así lo señaló Pablo Jacob, integrante de la Federación de Industriales Panaderos y Afines de Entre Ríos (FIPAER) y propietario de un local del rubro en San Benito, quien describió un cambio profundo en los hábitos de compra de los consumidores, marcado por la pérdida del poder adquisitivo y la necesidad de priorizar productos más económicos. "La caída del consumo existe y es importante. Lo que vemos es que la gente intenta gastar la misma cantidad de dinero que antes, pero compra productos de menor precio. Es decir, quien antes llevaba bizcochos ahora compra galletas; quien compraba una torta de tres kilos hoy lleva una de un kilo y medio", explicó.
Según detalló, el cambio no pasa únicamente por una menor cantidad de dinero destinada a las panaderías, sino por una fuerte modificación en la composición de las compras. "No significa que la galleta sea de menor calidad, sino que es un producto más económico. La gente busca mantener el gasto, pero adaptándose a lo que puede pagar", indicó.
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Por otra parte, recordó que históricamente los meses de bajas temperaturas representan la mejor época para el rubro panadero. Sin embargo, este invierno tampoco logró revertir la tendencia. "Siempre el frío fue la temporada fuerte para nosotros, pero hoy el panadero que antes amasaba 10 bolsas de harina está trabajando con siete. Es una realidad que se repite prácticamente en todas las panaderías", sostuvo Jacob.
Desde FIPAER aseguran que el panorama es generalizado y que el menor nivel de actividad obliga a los comercios a resignar rentabilidad para sostener su funcionamiento.
Uno de los aspectos que más preocupa al sector es la continuidad del empleo. A diferencia de otras actividades, Jacob explicó que en las panaderías existe una relación muy cercana entre propietarios y trabajadores. "En una panadería se trabaja prácticamente como una familia. Uno conoce los problemas personales de cada empleado y además cuesta mucho formar personal capacitado para este oficio", señaló.
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Por ese motivo, afirmó que la decisión de la mayoría de los empresarios ha sido absorber la caída de la rentabilidad antes que reducir planteles. "Hemos preferido resignar ganancias para mantener a nuestros empleados. No tengo conocimiento de despidos masivos en el sector como sí ocurrió en otras actividades. Pero si esta situación continúa uno o dos años más, el escenario puede volverse realmente crítico", advirtió.
Jacob también explicó que el negocio panadero cambió profundamente durante las últimas décadas. Recordó que hace 50 años las panaderías tradicionales podían emplear entre 20 y 40 trabajadores, mientras que actualmente los establecimientos funcionan con estructuras mucho más reducidas y una mayor incorporación de maquinaria. "Mi padre llegó a tener dos panaderías con veinte empleados cada una. Hoy, entre mis hermanos y yo, cada uno tiene su panadería y trabaja con apenas un empleado. La actividad cambió muchísimo", comentó.
En ese contexto, sostuvo que muchas personas que pierden su empleo no logran reunir el capital necesario para abrir una panadería formal, debido al elevado costo de las maquinarias, pero de todas maneras la actividad les permite trabajar en menor escale. "La mayoría termina elaborando productos en sus casas para venderlos de manera informal y así sostener a sus familias. Es una realidad que se ve cada vez más y es entendible por la necesidad económica", expresó.
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Otro de los cambios más visibles se refleja en la compra de facturas, un producto que tradicionalmente acompañó el desayuno o la merienda de muchas familias. Jacob aseguró que actualmente es frecuente observar situaciones que antes eran excepcionales. "Cada vez pasa más que un chico le pide una factura al padre y éste tiene que sacar cuentas para ver si puede comprarla. Antes era normal que una familia llevara cuatro o seis facturas; hoy muchas veces no llegan", relató.


Costos que ejercen presión
Mientras el consumo permanece deprimido, los costos de producción continúan aumentando. Según explicó el dirigente, la harina registró a comienzos de año un incremento cercano al 30% o 35% en un solo ajuste. "La bolsa pasó de alrededor de 12.000 pesos a 15.000 pesos prácticamente de un día para otro", señaló.
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A eso se suman los aumentos en margarinas, mantecas y grasas utilizadas para la elaboración de panificados. "Una caja de margarina de primera marca que el año pasado costaba 60.000 pesos hoy ronda los 120.000. Son aumentos muy importantes que después no pueden trasladarse completamente al precio final porque el consumo está muy retraído", explicó.
En ese sentido, cuestionó la política de precios de las grandes empresas proveedoras de insumos, al considerar que priorizan mantener sus márgenes de rentabilidad sin contemplar la situación que atraviesan los pequeños productores.
En cuanto a los valores de venta, Jacob aclaró que los precios varían según la zona y el tipo de panadería.
En San Benito, el kilo de pan se comercializa entre 2.000 y 3.000 pesos, mientras que en algunos barrios de Paraná pueden encontrarse opciones desde 1.500 o 1.600 pesos. En cambio, en panaderías del centro de la ciudad, elaboradas con materias primas de mayor calidad o productos especiales, el kilo puede ubicarse entre 3.000 y 4.000 pesos.
Las facturas, por su parte, cuestan entre 800 y 1.000 pesos por unidad. Sin embargo, Jacob aclaró que la diferencia entre distintos comercios muchas veces no está en el precio sino en el tamaño del producto. "En barrios populares una factura puede pesar entre 90 y 100 gramos. En el centro muchas veces pesa alrededor de 50 gramos. El precio cambia poco, pero cambia la cantidad que se lleva el cliente", explicó.
El aumento de la harida impactó en el precio del pan
También indicó que la galleta suele costar entre un 20% y un 30% más que el pan porque su elaboración requiere mayor trabajo manual y más horas de mano de obra.
Si bien algunos locales del rubro expresan que muchos de sus clientes llevan el pan por unidad, Jacob contó que en su caso responde a una demanda de personas que vive en zonas retiradas de la planta urbana y la modalidad de compra cambia: los clientes de campo le compran de a 4 o 5 kilos una vez por semana, previendo días de lluvia que impiden transitar por los caminos de tierra de personas.
Sin embargo, mencionó la experiencia de su hermano, propietario de una panadería en Paraná: "Me cuenta lo triste que es ver familias que juntan billetes de 100 pesos para llegar a comprar apenas 1.000 pesos de pan", concluyó.
Fuente: UNO Entre Ríos
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