Peña, detenido tras su destitución: "Que Dios bendiga al Paraguay"
El expresidente paraguayo Peña fue detenido en su vivienda tras su destitución y deberá cumplir prisión domiciliaria. Pedro Alliana asumió la Presidencia y dio su primer discurso ante el Congreso.

La salida del expresidente paraguayo no se pareció a ninguna despedida protocolar: Peña fue detenido en su vivienda y ahora deberá cumplir prisión domiciliaria. El dato es duro y marca un quiebre en la transición política. La frase que dejó en el aire, "Que Dios bendiga al Paraguay", no alcanza para diluir la gravedad del momento.
La detención se produjo después de su destitución, y la causa lo acusa de lesión de confianza, tráfico de influencias y administración en provecho propio. No es una simple imputación menor: son cargos que apuntan al manejo del poder y a la sospecha de haber convertido el Estado en caja propia. La imputación puso el dedo en la llaga, aunque el proceso recién está empezando.
Mientras tanto, el país no se quedó esperando. Pedro Alliana asumió la Presidencia y pronunció su primer discurso ante el Congreso. La sucesión se aceleró en un clima de tensión, con la sombra de la crisis institucional todavía flotando en el aire. El nuevo jefe de Estado deberá demostrar que la transición no es solo un cambio de nombres, sino una promesa de orden.
El contraste es evidente: un expresidente que se va detenido y un nuevo mandatario que arranca con el peso de reconstruir confianza. En política, las salidas raras suelen decir más que los discursos elegantes. Aquí, la detención de Peña no es un detalle: es el corazón de la crisis. Y la pregunta que queda es si Paraguay logra convertir esta crisis en una oportunidad para limpiar la gestión pública.
La frase final de Peña, "Que Dios bendiga al Paraguay", suena a despedida religiosa y también a intento de cerrar un capítulo doloroso. No está claro si es resignación, plegaria o mensaje político. Lo que sí está claro es que la imagen quedó: un expresidente detenido en su vivienda, bajo prisión domiciliaria, con la mirada de un país que todavía no entiende cómo llegó hasta acá.
El caso también obliga a mirar hacia adelante. Paraguay enfrenta una prueba de fuego: pasar de la indignación a la institucionalidad, de la detención a la recuperación de la credibilidad. Pedro Alliana tendrá que gobernar con el lastre de una sucesión marcada por la tensión y la sombra de los cargos contra Peña. Si la democracia paraguaya sale fortalecida, este capítulo no será solo un escándalo: será una advertencia para cualquier gobierno que confunda el poder con propiedad y la gestión con patrimonio.
Fuente: El Diario de Paraná
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