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¿Qué pasará con el asentamiento junto al nuevo Mercado? "No se trata de desalojar, sino de reubicar"

La arquitecta y doctora en Ciencias Sociales, Paula Boldrini, planteó una mirada integral sobre el futuro de las familias; cuestionó los traslados sin participación vecinal.

Por Juan Manuel Rovira6 min de lectura
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¿Qué pasará con el asentamiento junto al nuevo Mercado? “No se trata de desalojar, sino de reubicar”
¿Qué pasará con el asentamiento junto al nuevo Mercado? “No se trata de desalojar, sino de reubicar” · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Luego de que saliera a la luz la situación de las familias que viven junto a las vías, a metros del nuevo Mercado de la Ciudad, se abrió un nuevo interrogante: ¿qué pasará con quienes viven allí? La posibilidad de una reubicación volvió a poner en discusión, no solo el futuro de ese sector de San Miguel de Tucumán, sino también la manera en que la capital aborda la situación de los barrios populares. Para analizar este escenario, la arquitecta y doctora en Ciencias Sociales, Paula Boldrini, planteó -en diálogo con LA GACETA- una mirada que pone el foco en algo más que el lugar donde están esas familias. Y es cómo garantizar que cualquier traslado implique una mejora real en sus condiciones de vida.

Boldrini conoce de cerca la discusión sobre el crecimiento urbano y las desigualdades que atraviesan a San Miguel de Tucumán. De hecho, participó recientemente de los debates por la actualización de la normativa de la ciudad y planteó la necesidad de avanzar hacia políticas que apunten a la integración sociourbana de los barrios populares.

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Para la especialista, la primera cuestión que debe revisarse es desde dónde se mira el problema. "Los contrastes se llaman desigualdad, se llaman fragmentación socioespacial", dijo. Y planteó una diferencia que considera central: "Lo primero que me gustaría señalar es la preocupación por los pobres y no por la pobreza".

En ese sentido, advirtió que el debate no debería estar atravesado por la incomodidad que genera la presencia de un asentamiento en una zona céntrica, sino por las condiciones en las que viven esas familias.

La arquitecta considera que un traslado puede ser posible, pero siempre que se lo piense como un proceso de reubicación y no como un desalojo. La diferencia, en este caso, está en quiénes participan de la decisión y qué condiciones se ofrecen. "Es absolutamente posible un realojo en otro lugar, pero eso no puede ser de manera violenta, no puede ser de manera unidireccional", afirmó.

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Además, sostiene que las familias deben formar parte de la discusión sobre su propio futuro. No alcanza, según explicó, con determinar desde afuera dónde deberían vivir. Es necesario conocer sus necesidades, sus vínculos y, especialmente, cómo se relacionan con el lugar que actualmente habitan.

"Hay que buscar saber cuáles son las necesidades concretas de las personas que viven en ese barrio, de las familias que viven en ese barrio", señaló. También resulta fundamental conocer de qué trabajan y qué posibilidades tendrían en un nuevo destino. "Qué saben hacer, qué tipo de fuentes de trabajo podría servirles para poder emplazarse en otro lugar", agregó.

Uno de los principales riesgos de una reubicación mal planificada es que las familias terminen alejadas de las oportunidades que tenían antes, aunque sus nuevas viviendas sean mejores desde el punto de vista edilicio.

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Boldrini recordó el caso de Villa Piolín y otros sectores de la ciudad que fueron trasladados hacia Manantial Sur. La experiencia, según su análisis, permite observar las consecuencias de llevar a familias desde sectores consolidados hacia barrios desconectados de sus actividades cotidianas.

La especialista destacó que el espacio que ocupaba Villa Piolín se transformó luego en un área pública muy utilizada por los vecinos. Sin embargo, señaló que las familias trasladadas hacia Manantial Sur quedaron alejadas de sus antiguas fuentes de trabajo y de sus redes de proximidad.

Para la especialista, allí aparece una cuestión que muchas veces queda relegada cuando se discute vivienda: no importa solamente cómo es la casa, sino dónde está ubicada. "Si ellos tenían aunque fuera fuentes de trabajo informal cerca de donde vivían, quedaron completamente imposibilitados de acceder a estas fuentes de trabajo desde donde estaban".

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Y resumió: "La localización de la vivienda en relación al resto de tus actividades pesa muchísimo más incluso que la precariedad de un edificio de vivienda".

Frente a la posibilidad de una eventual reubicación del asentamiento de Sarmiento y Marco Avellaneda, Boldrini propone comenzar por un vínculo directo con la comunidad.

El proceso participativo, explicó, no necesariamente implica una demora excesiva. Por el contrario, puede ser la herramienta que permita alcanzar una solución permanente y evitar que las familias terminen regresando al lugar del que fueron trasladadas.

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"Lo cierto es que va a suceder con una solución permanente. La gente no va a querer volver a ir al mismo lugar donde estaba si está a gusto en el lugar donde está", señaló.

Por eso, considera necesario realizar un relevamiento que vaya más allá de una encuesta. Se deberían generar espacios de reunión y discusión donde los propios vecinos puedan explicar qué los llevó a instalarse allí, por qué no quieren irse y qué condiciones debería tener un nuevo lugar para que acepten trasladarse.

"Las familias puedan decir por qué no se quieren ir de ahí y a qué otro lugar, bajo qué condiciones y qué características tendría que tener para que ellos sí accedieran a movilizarse".

En esa discusión también debería entrar el suelo disponible y las distintas alternativas que pueda ofrecer el Estado. No se trataría, entonces, de imponer un destino, sino de construir una opción junto con las familias.

El caso de Sarmiento y Marco Avellaneda tampoco es aislado. A lo largo de las vías ferroviarias de Tucumán pueden encontrarse otros asentamientos y viviendas precarias instaladas a escasos metros de las formaciones.

La situación se repite en distintos sectores de la capital y también en otras localidades de la provincia. Para Boldrini, esto tiene una explicación: las familias que no logran acceder al mercado formal de la vivienda terminan ocupando aquellos lugares donde consideran que tienen menos posibilidades de ser desalojadas.

Las tierras ferroviarias, los bordes de los canales y las zonas cercanas a los ríos aparecen así como espacios de ocupación no porque sean elegidos por sus condiciones, sino porque representan una de las pocas alternativas disponibles para quienes quedaron fuera del acceso formal a una vivienda.

"Los sectores populares no eligen esos lugares porque prefieren lugares que además no tienen condiciones de habitabilidad", remarcó.

La eventual recuperación de los terrenos ferroviarios y hasta la posibilidad de que el tren vuelva a funcionar no son, para Boldrini, objetivos incompatibles con la permanencia de una política habitacional. El problema, sostiene, aparece cuando se pretende resolver una cuestión urbana desplazando a las familias sin contemplar qué ocurrirá después con sus vidas.

"Que las familias vivan ahí no debería ser un problema si nosotros abordamos las problemáticas de los barrios populares que habitan estos lugares de manera participativa", dijo.

En el fondo, la discusión sobre el asentamiento ubicado junto al nuevo Mercado de la Ciudad plantea una pregunta que excede a ese sector de la capital: cómo construir una ciudad que pueda recuperar, renovar y transformar sus espacios sin expulsar a quienes durante años encontraron allí la única posibilidad de tener un lugar donde vivir.

Para Boldrini, la respuesta pasa por abandonar las soluciones unilaterales y construir acuerdos. "El problema es que nadie intenta buscar esa relación en la cual se establezca un acuerdo simétrico y no asimétrico y unidireccional acerca de a dónde llevamos a estas familias como si fueran objetos inanimados".

Y dejó una definición que resume su mirada sobre el desafío urbano: "Son familias que viven, piensan y sienten como cualquiera de toda la provincia".

Fuente: La Gaceta

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