Roma, la nueva esperanza de cuatro patas en el cuartel de Paraná
En el cuartel de Bomberos Voluntarios de Paraná, Roma se prepara intensamente para estar lista ante cualquier emergencia.

En el cuartel de Bomberos Voluntarios de Paraná, Roma se prepara intensamente para estar lista ante cualquier emergencia.
Por Valeria Girard
Roma es la única perra en adiestramiento en el cuartel local.
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La reciente tragedia en Venezuela, donde dos terremotos de gran magnitud sacudieron el país el pasado 24 de junio, puso nuevamente en el centro de la escena el rol heroico de los perros rescatistas. Entre los 140 canes de todo el mundo desplegados en la zona, el nombre de Bart, un perro de la Infantería de Marina argentina, dio la vuelta al mundo tras localizar con vida a dos niños atrapados bajo los escombros en La Guaira.
Este suceso no es una casualidad, sino el resultado de un entrenamiento riguroso que también se replica a nivel local. En el cuartel de Bomberos Voluntarios de Paraná, la labor es silenciosa pero constante. Según explicó a UNO el jefe del cuartel de Bomberos Voluntarios de Paraná, Carlos Almada, la preparación de estos animales es una tarea de "constancia absoluta" que no permite interrupciones.
Actualmente, Roma es la única perra en adiestramiento en el cuartel local. Es de raza pastor alemán, tiene tres años y desde 2024 se encuentra bajo la responsabilidad de la bombero Nadia Álvarez, quien coordina el progreso del animal bajo la supervisión técnica de una asociación de Bahía Blanca. A diferencia de los equipos tecnológicos como drones o escáneres de movimiento, el olfato animal es capaz de distinguir gases y compuestos volátiles específicos de una persona viva.
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"Ayuda un montón que esté bien entrenado y supervisado por gente experta", señaló Almada, quien destacó que Roma ya participó en prácticas de campo en zonas como San Benito y Piedras Blancas para evaluar su reacción en escenarios reales. "Roma es mi perra. La tengo en mi casa y generamos un vínculo especial que suma muchísimo a la tarea que hacemos, porque yo debo confiar plenamente en ella. De hecho, nos premiaron en un curso de la Policía por esa conexión y lo que nos transmitimos, lo cual hace que los resultados sean positivos. Este entrenamiento no es de un día para otro, requiere dedicación y sobre todo, mucha confianza en el animal. Es un proceso que puede llevar un mínimo de dos años, dependiendo siempre del tiempo que se le dedique", indicó a UNO Álvarez.
"Aunque todavía estamos en formación, ya participamos como experiencia en una búsqueda en la zona de las canteras para localizar a una familia que se había desorientado y no podía volver a su casa al hacerse de noche. Al enterarme, me puse a disposición y salí con Roma de forma informal; fue una experiencia muy importante para nosotras. Con lo que está pasando en Venezuela, que es de público conocimiento, nos genera muchas ganas de prestar servicio, pero entiendo que para esas situaciones se necesitan perros experimentados y entrenados específicamente en estructuras colapsadas", especificó.
El proceso para convertir a un can en un rescatista como Bart o Roma es complejo. "Lo más difícil es el comportamiento del perro, el temperamento", confesó Almada. Para moldear este carácter, se utiliza el refuerzo positivo: durante semanas, los bomberos premian con salchichas cada orden cumplida, desde sentarse hasta acudir al llamado. El objetivo es que el perro aprenda la técnica del rastreo por prendas, donde el animal sigue el olor impregnado en la ropa de un desaparecido, siempre condicionado por factores naturales como la dirección del viento.
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Roma se especializa en "rastro específico" con toma de olor, una técnica donde el animal, tras oler una prenda de la persona desaparecida, sigue ese rastro particular. Esta capacidad del olfato canino, que supera al humano hasta 100.000 veces, permite detectar señales biológicas que los drones o escáneres no logran distinguir entre el concreto y el polvo.
Este camino trazado por Roma y Álvarez sigue el legado de Luna, la perra del cuartel que falleció tras una destacada trayectoria que incluyó la búsqueda de víctimas en la explosión por gas en un edificio de Rosario. El objetivo del cuerpo activo es claro: que la capacitación se extienda y que la ayuda de estos animales sea una constante en cada emergencia, ya sea para buscar personas extraviadas en zonas de Paraná y alrededores, o ante desastres de gran escala. Como afirmó Almada, la presencia de un perro entrenado en el cuartel es, simplemente, "fundamental".
Aquel hecho ocurrido en Rosario, sumado a lecciones históricas como el terremoto de México en 1985 (donde se demostró que los perros hallan sobrevivientes hasta 96 horas después del colapso), refuerzan la visión de Almada: "Sería buenísimo que todos los cuarteles tengan un can de búsqueda".
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Por su parte Álvarez, señaló: "Aún continúo capacitándome y de hecho esto es entrenar siempre, nunca se corta. Me encantaría llegar lejos con ella, porque confío muchísimo y sé que somos capaces. Y sobre todo mi anhelo es poder colaborar con quién nos necesite, en el momento que sea".
Mientras en Venezuela los equipos internacionales comienzan a retirarse con la satisfacción del deber cumplido, en Paraná, Nadia Álvarez y Roma continúan su rutina diaria de obediencia y socialización. Saben que, cuando el tiempo apremia y la tecnología falla, un ladrido certero puede ser la única diferencia entre la tragedia y el milagro.
Entre los casi 2400 rescatistas llegados de 27 naciones a Venezuela, 140 perros especializados en localizar vida entre los escombros se convirtieron en actores decisivos de la operación tras los terremotos ocurridos el 24 de junio.
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En total, 44 equipos USAR se concentraron en Caracas, La Guaira y otras zonas afectadas: España envió 19 perros; México, 17; Reino Unido, 10; Suiza, 8; República Checa, 8; Países Bajos, 8; Alemania, 7; Brasil, 6; Argentina, 4; Colombia, 4; Ecuador, 2 y Perú, 1, cada cual acompañando su equipo de socorristas.
Bart, un perro integrante de la unidad de rescate de la Infantería de Marina Argentina, permitió localizar con vida a dos niños que permanecían atrapados bajo los escombros de un edificio colapsado en el estado de La Guaira. El rescate fue el 28 de junio. La misión argentina formó parte del operativo internacional desplegado para colaborar con las tareas de búsqueda en las zonas más afectadas de Venezuela.
El Ministerio de Defensa informó que Bart ingresó a un túnel abierto entre los restos de la estructura derrumbada y logró detectar la presencia de los dos menores. Vale aclarar que el olfato canino supera al humano entre 10.000 y 100.000 veces, dependiendo de la raza y el entrenamiento.
Bart integra la unidad de rescate de la Infantería de Marina Argentina.
En una estructura colapsada, los gases y vapores que emite un cuerpo humano vivo se filtran por grietas, huecos y corrientes de aire internas. Un perro entrenado para búsqueda en escombros aprende a seguir esa emanación, llamada técnicamente "venteo", hasta localizarla con precisión suficiente para indicarle al guía dónde excavar. Un escáner de movimiento detecta vibración. Un micrófono amplificado capta sonidos. Un dron mapea superficie. Pero ninguno de esos instrumentos es capaz de distinguir el olor específico de una persona viva sepultada bajo toneladas de concreto.
Fuente: UNO Entre Ríos
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