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Una de las frases más brillantes de la psicología: "En mi casa tenía tres sillas: una para la soledad, una para la amistad y la tercera para la compañía"

La frase de las tres sillas de Henry David Thoreau, símbolo de la soledad en la psicología moderna, ocultaba en realidad un hogar donde llegaron a reunirse treinta personas a la vez.

Por Sofía Serelli2 min de lectura
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Una de las frases más brillantes de la psicología: "En mi casa tenía tres sillas: una para la soledad, una para la amistad y la tercera para la compañía"
Una de las frases más brillantes de la psicología: "En mi casa tenía tres sillas: una para la soledad, una para la amistad y la tercera para la compañía" · Foto: Los Andes

La frase de las tres sillas de Henry David Thoreau, símbolo de la soledad en la psicología moderna, ocultaba en realidad un hogar donde llegaron a reunirse treinta personas a la vez.

Henry David Thoreau reflexionó en su retiro sobre la soledad.

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Henry David Thoreau es el símbolo histórico de la vida simple y el retiro absoluto en el silencio de la naturaleza. La frase más célebre de su retiro describe un mobiliario cargado de simbolismo en la psicología: "En mi casa tenía tres sillas: una para la soledad, una para la amistad y la tercera para la compañía". Lo cierto es que la cultura popular simplificó su mensaje omitiendo el contexto real de sus encuentros.

La cita que suele circular hoy en día difiere ligeramente del texto original publicado en Walden en 1854. En el capítulo dedicado a los visitantes, el filósofo describe que poseía una silla para cuando estaba solo, dos para cuando un amigo lo visitaba y tres para la compañía de otros. Esta precisión no es un detalle menor, sino que define su búsqueda del equilibrio vital.

Durante los dos años, dos meses y dos días que duró su experimento, Thoreau estuvo lejos de ser el eremita que la posteridad imaginó. Él mismo escribió en sus diarios que amaba la sociedad tanto como cualquier otra persona de su tiempo. De hecho, el pensador bajaba al pueblo casi todos los días y mantenía un contacto fluido con sus vecinos.

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El interior de su pequeña cabaña de madera llegó a albergar reuniones masivas que desafían la idea del silencio forestal. En una ocasión, el autor logró acomodar a casi treinta personas dentro de su residencia de campo. Durante ese periodo de retiro, Thoreau recibió más visitantes que en cualquier otro momento de su vida previa.

El autor confesó en sus escritos que estaba cansado de ser rotulado permanentemente como un hombre que rechazaba el contacto humano. Su experimento de reclusión fue, en realidad, un periodo de observación sobre cómo convivir con uno mismo y con los demás de forma sana. La cabaña funcionó como un punto de encuentro social activo a pesar de su ubicación geográfica.

Thoreau utilizaba su mobiliario mínimo para gestionar las interacciones sociales según su naturaleza y profundidad. La soledad era para él una solución y un problema simultáneo, pero nunca un fin absoluto en sí mismo. El retiro terminó cuando el filósofo consideró que había aprendido lo suficiente sobre la dinámica entre el individuo y su entorno.

Fuente: Los Andes

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